jueves, 18 de diciembre de 2014

Nuestro libro "Diarios de Bambucicleta" fue elegido entre los mejores libros de viaje del año!


Comenzar por primera vez un viaje en bicicleta no es fácil, y más aún si no conocemos a nuestra compañera y si pensamos hacerlo pedaleando en bicicletas de bambú. 
Aprender a improvisar siguiendo la intuición es la clave. Vivir cada día como si fuera el último, animándonos a escribir nuestra propia historia. Dejar atrás los miedos y prejuicios, el presente es el único tiempo que existe.  


¨Diarios de Bambucicleta - relatos de viaje con bicicletas de bambú por Argentina, Bolivia, Brasil¨

Info: 196 páginas, fotos (color, blanco y negro) mapas, ilustraciones. Precio: AR$ 150

Envíos por correo en Argentina y a todo el mundo. 
Podés conseguirlo pidiéndolo a caminobambu@gmail.com y te lo enviamos por correo.

Lo podés encontrar también en:

Argentina: 
Rosario: Bar Cooperativa Pichangú, Salta esquina Rodriguez

España:
Madrid:
La bicicleta café http://www.labicicletacafe.com/localizacion.html

Valencia: 





Con gran orgullo, nuestro libro fue elegido por La Editora Viajera de España como uno de los mejores libros de viajes de este año. ( link completo: http://www.ungranviaje.org/2014/12/mejores-libros-de-viajes-para-regalar-estas-navidades/ )




Lo que nos escribieron algunos lectores acerca del libro: 


Andres Salum
10 de julio de 2014

Amigos, ayer terminé de leer su libro, el cual no pude dejar desde que lo empecé. Como les comenté antes me dieron ganas de ir a pedalear por Bolivia, de descubrirla ahora que tengo una nueva mirada de este país gracias a uds. El relato que hicieron es muy bueno, entretenido, excelente balance entre la aventura, lo romántico y lo espiritual! Hasta el final lo mantienen a uno con la incógnita sobre como termina. Larga todo a la mierda y vuelve con ella? Sigue con lo que le dicta la conciencia y la lógica?Bueno, deben leer el libro para saberlo!!
Lástima que debamos esperar a que vuelvan para el próximo!!!!
Besos y suerte con esta nueva aventura!

Cristina Plüss de Pugnaloni
26 de agosto de 2014

QUE HERMOSO RELATO… PARECE UN CUENTO…CUÁNTA ALEGRÍA ME DAN, PIENSO QUE ESTAN SOLITOS POR ESOS CAMINOS EN BICI… PERO LLENO DE FELICIDAD,,,,,,,SUERTE CHICOS

Pablo Carrillo
13 de enero de 2015

Hola Chicos, les escribo porque gracias a una noche de cervezas en un barcito de
Rosario, Pichangú, pude tomar su libro y leerlo mientras esperaba a mi hermano en el bar…
Quede atrapado y sin dudarlo lo compre.
En casa lo termine y fui compartiendo parte del mismo con mi familia.
Además de agradecerles y felicitarlos, deseaba consultarles donde podría verlos
en Rosario,
ya que Fausto, mi hijo mayor desea conocer de cerca las bicis….
Les dejo un afectuoso saludo desde Baigorria.


Alejandra Meza
6 de julio de 2014

Hola Chicos, ayer estuve en la presentación y me llevé un libro, bellísima la experiencia de ustedes, lo estoy leyendo con mucho entusiasmo. Un amigo me pidió que le reservara un ejemplar, pero ya me había ido del bar. Ustedes pueden reservar uno y decirme donde lo puede ir a buscar. Saludos Y Dios los guarde, los guíe y su amor esté de continuo reflejándose.

Magui Gi 
6 de julio de 2014

Desde que tengo su libro en mis manos no puedo dejar de leerlo ! Es sumamente motivador y nos dan la posibilidad de figurarnos un poquito de lo que fue ese maravilloso viaje! GRACIAS POR COMPARTIRLO! Buen viaje !

Francisco Polo 
Hola Marqueta! (…) Sigo leyendo y disfrutando vuestro excelente libro. Ya voy por Bolivia. Guardó en mi memoria una bella imagen de nuestras conversaciones y habéis dejado en mi recuerdo una suave estela de ternura. Un gran abrazo para Niko y otro para ti Marqueta (a ver si a fuerza de escribirlo me aprendo tu nombre, Uff que difícil!).

Sofia Stengel
Hola chicos! comencé a leer el libro. Increíble!!! esta muy bueno! los felicito!! gracias por la dedicatoria. mucha suerte en el viaje! le deseamos lo mejor.



Presentación de nuestro libro en Rosario, Argentina
Presentación del nuestro libro en la Bicicleta café en Madrid, España
Paseos en bicicleta por Madrid




Presentación del libro en Valencia, España



Ahora estamos nuevamente en viaje, pedaleando en una bicicleta doble de bambú por el corazón de América. Podés seguir nuestro recorrido en nuestra página de facebook o en nuestro blog Camino Bambú.
Saludos y buena senda!

Frente el mar transparente de La Paz, BCS, México

Pedaleando por las Salinas más grandes del mundo en Guerrero Negro,BC, México 
Frente al Golden Gate Bridge, San Francisco, California

miércoles, 16 de julio de 2014

Esta historia continúa en www.caminobambu.com


Muchos sucesos han pasado desde los últimos post en este blog. La vida avanza sin pausa y poco me he detenido para reflexionar en estas páginas. Pero seguimos escribiendo, ahora en letra impresa. Diarios de Bambucicleta se transformó en un libro que recientemente publicamos, narrando la historia de estas bicicletas y de mi singular encuentro con Marketa. 
Ahora estamos nuevamente en viaje, en una bici doble de bambú, buscando conocer nuevos caminos. Seguiremos publicando en nuestro blog www.caminobambu.com , como también en facebook www.facebook.com/caminobambu .Esta página personal queda pendiente de ser actualizada, pero le conservo todo el cariño y prometo hacerlo cuando vuelva a sentir la necesidad. Mientras tanto, nos vemos en los links anteriores. 
un gran abrazo y buenas sendas para todos. 


sábado, 22 de diciembre de 2012

Y lo concreto? se hace andando.


Ayer falleció Charles. Me lo contaba mi abuela recién llegada de Merlo. “Que manera tan linda y digna de morir”. Era ya viejito, alguien que toda su vida había sido muy meticuloso y organizado.

Ella me contó que en un principio se había pensado que podría haber sido debido a una electrocución, porque lo encontraron muerto junto al poste de luz en el momento en que estaba averiguando por qué no había electricidad en la casa. Ese día antes había estado limpiando algo grande, creo que la pileta, haciendo mucho ejercicio y estando en movimiento. Piensan que simplemente falleció, su corazón se apago. No había rastros de choque eléctrico, simplemente lo encontraron en una posición tranquila, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza un poco mirando hacia abajo, como quien se duerme tras una jornada agotadora de vigilia y acción.

Yo entonces pensé en los posibles dolores de un infarto previos a la muerte, y le pregunte:

Por que tan linda?

Y ella me contesto algo tan cierto: todos los parientes y conocidos que han ido falleciendo en estos años generalmente lo hicieron tras largos padecimientos crónicos, de lenta agonía de cáncer con destructivas radioterapias en tristísimos sanatorios, o enfermedades degenerativas estilo Alzheimer, en donde iban perdiendo sus capacidades y a su vez iban siendo muchas veces tratados como si ya estuvieran muertos. Incluso mi abuelo Pocholo, que tantas culpas tenía guardadas, pasó unos últimos años entre operaciones y silla de rueda en donde su indignación con el mundo se iba incrementando y en donde ya el mundo prefería, y esta vez podía, evitar sus agravios.

Charles falleció como un caballero, buscando mejorar lo que lo rodeaba con su presencia hasta el último momento, con paciencia y meticulosidad, sin perder la constancia.

Y por eso un día como hoy, 22 de diciembre del 2012, habiendo comenzado el nuevo ciclo astronómico, solar, etc etc, con todos los cambios de vibraciones que eso implica, uno termina pensando en esas cosas. En la manera digna de morir, quizás por el morbo. Pero mucho más aun en esa manera de vivir que estamos emprendiendo, que dignifique y de sentido a nuestro paso por el mundo, a nuestro aporte para clarificar la relación entre nosotros y el universo del que somos parte.

Se trata de buscar la libertad, y de ayudar a que todos nos entendamos libres y con igualdad de atribuciones entre cada uno de nosotros. Al fin y al cabo hasta la ciencia reconoce que somos  pedacitos de estrellas pasadas que ahora vibramos al ritmo de su luz. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Parentesis para la sinceridad.




Cada varias semanas me invade esta confusión recurrente, en donde son tantas las cuestiones que tengo entre manos que por momentos creo perder el rumbo, y peor aun, a veces también la cordura. Hoy por eso voy a hacer un paréntesis en la narración del viaje en bambucicletas con Marketa por Sudamerica, para ensayar un balance general de todo lo que esta ocurriendo en mi vida y en el proyecto de las bicis en los últimos tiempos.


Generalmente este agobiante estado de paralizante confusión se calma con solo salir a dar una vuelta para despejarse. Pero también entiendo lo efectivo de plasmar esos pensamientos en palabras, para ordenarlos y reencontrar asi el camino que habíamos elegido.


A veces veces dudo de por que decido publicar estos razonamientos tan intimos en un medio virtual que esta al alcance de cualquiera... y es que justamente, todos estos son solo razonamientos de percepciones y sensaciones propias, que pueden cambiar con el tiempo pero que en este momento representan mi manera de decidir y de actuar.


Muchas veces me han preguntado, como se me ocurrió armar una bici de bambú. Siempre la explicacion gira en torno a cuestiones tecnicas, de por que venia estudiando el material, o por que queria viajar en bicicleta. Pero lo mas determinante fue que estaba podrido de vivir como vivia. Mi rutina consistia en una vida de escritorio, cursando para la facultad o haciendo horas de trabajo de oficina. Entre medio, me movia en el auto, alimentando esos picos de stress que eventualmente me harian colapsar.


Queria independizarme, alejarme de ese modo de vida tan alienante y dependiente de un sistema que casi nunca siento que me representa. No estaba seguro de hacia donde habia que correr, solo sabia que de seguir de ese modo estaria alimentando aun mas mi depresion e insatisfaccion. Me decidi por aprender a armar una bicicleta como uno podria decidirse a construir un generador eolico, o un karting electrico. La idea era seguir perfeccionando el uso de las manos, herramientas esenciales del hombre. Todo el conocimiento adquirido siempre seria una riqueza creciente e invaluable, en una cultura que tiende cada vez mas a la especializacion y a la inutilidad general.


Jamas hubiera creido que iba a entusiasmarme tanto con este proyecto, ni que 6 anhos despues de haber comenzado iba a encontrarme donde nos encontramos ahora. Paso de ser una simple curiosidad a una movida de gran difusion, tratandose de algo que suena a "novedad interesante". Ademas, ahora no se trata como antes de un proyecto alocado que llevaba adelante de manera solitaria en el garage de mi casa. Desde hace un par de anhos que dos amigos se han sumado al proyecto, Chipo y Nino, con quienes venimos empujando de manera casi epica para sacar el emprendimiento a flote y poder garantizar la autosustentabilidad del mismo, poder subsistir con nuestro trabajo.


No es para nada facil la cuestion: esta claro que hay un gran interes por las bicicletas de bambu, pues son muy notables las ventajas que tiene este material por sobre las de metal. El desafio radica en que el metodo de armado es una extensa cadena de procesos que requieren un cuidado y una pericia artesanal, presentandose numerosas dificultades para lograr una sistematizacion que reduzca los tiempos y esfuerzos necesarios para poder ensamblar un cuadro. En terminos generales, hay infinidad de variables que complejizan enormemente el proceso con respecto a un cuadro metalico soldado, por lo que se hace dificil desglosar el proceso en subtareas simples y transferibles. Lo interesante, pero que a la vez le adiciona dificultad al desafio, es que estas tecnologias no estan aun bien desarrolladas, por lo que no tenemos muchos puntos de referencia. En el mundo, los otros pocos que estan construyendo bicicletas de bambu evidencian estar encontrandose con los mismos problemas tecnicos, por lo que aun no hay quienes puedan contar con un proceso fluido y simplificado de armado.


Siempre hay pequenhos sucesos que desencadenan una catarata de reacciones animicas. Hoy pude identificar uno que aparentemente fue el principal que me bajo el animo.

Es que en estas ultimas semanas venimos trabajando con Nino durante todo el tiempo disponible, para poder llevar adelante esta reconversion del proceso de armado de los cuadros de bambucicletas, que permita esa cierta sistematizacion y simplificacion anhelada, basandonos en el uso de matricerias. Pero si bien sabemos que es posible hacerlo, pues ya hemos ensayado con los primeros disenhos y prototipos de estas herramientas, todavia no hemos logrado esa simplificacion buscada. Cada paso que damos estan llenos de problemas y errores posibles, y las fallas no se hacen esperar. Hoy, las cosas no salieron bien, y una matriz en la que estuve trabajando varios dias quedo inutilizada, demostrandome una lista de errores de los cuales uno aprende, pero tambien retrasandome enormemente segun lo que habia imaginado podrian ser los tiempos de desarrollo.


Por suerte todo este proceso creativo en donde disenhamos y construimos las herramientas esta guiado por los invaluables consejos del Viejo Nestor. El Viejo desde los anhos 70 que se dedica a la aeronautica, construyendo planeadores integramente, desde el primer herraje hasta el ultimo aleron. Ademas, es un experto en matricerias y en materiales compuestos. Pero lo mas importante, es un viejo muy copado, con toda la energia y ganas de hacer cosas, que aun conserva la personalidad inquieta y sonhadora de un ninho. Para nosotros es como un amigo, y a mi personalmente me recuerda mucho a mi abuelo Pocholo, por como logra sumergirse en un mundo paralelo de herramientas y manualidades, de conocimientos y tecnicas, que luego orgulloso intenta ensenhar a quien este dispuesto a escuchar y aprender. El es nuestro referente, y dia tras dia sus generosos consejos y recomendaciones nos han ahorrado muchisimos dolores de cabeza, ademas de adiestrarnos en como ser cada vez mas practicos y efectivos a la hora de disenhar un proceso, como en este caso de las bambucicletas.


Por otro lado, finalmente estamos llevando adelante la obra en Alvear, donde construimos un galpon que en el futuro inmediato va a alojar la fabrica de bicis, ademas de brindar otros servicios que utilizan tecnologias en composites, como la reparacion de planeadores. El tiempo nos persigue bastante, porque para poder costear los gastos de edificacion pedimos un financiamiento a un inversor privado que confia en la vendibilidad de las bambucicletas. El desafio radica en que para poder construir esas bicicletas segun el cronograma para cubrir el prestamo, hay que previamente tener terminada la fabrica y optimizado el proceso de matricerias, ademas de contar con gente nueva ya capacitada trabajando en el armado. Sin embargo, el monto total del prestamo contempla solo lo indispensable para edificar el galpon y construir las matrices por lo que no queda margen de maniobra para errores e imprevistos, ni para poder contratar gente para ir capacitando que se pueda sumar al equipo de trabajo. Lo gracioso es que esos imprevistos se dan con frecuencia, pues constantemente estamos innovando y probando tecnicas y variantes nuevas que puedan llegar a facilitarnos las tareas, pero que luego tienen resultados de los mas impensados. A veces peegamos un salto cuantico en las tecnicas por un accidente afortunado, y otras se te empasta todo y terminas rompiendolo a palazos, como ayer cuando se me pego la matriz con el modelo.


Y de tanto hablar de fabricas, matrices, procesos, eficiencias, inversiones, produccion, la cabeza se me va perdiendo del foco genuino. Porque poco de esto es lo que realmente me moviliza y me interesa.


Siendo sincero, no es mi objetivo ser un empresario exitoso ni un industrial afianzado. Mis anhelos van mas alla del materialismo y la racionalidad que nos guian culturalmente hoy en dia. Si empece este proyecto fue justamente porque queria escaparme de mi predominante personalidad racional, y entrar en sintonia con mi parte creativa, curiosa, sensible. Queria, como decia el Don Juan de Castaneda, encontrar un camino que tuviera corazon.

Y si bien la bici tuvo mucho de racional, pues se necesita un compilado de tecnicas para poder construir una, tambien hay mucho de suenhos y de fantasias en ella. Gracias a ella, entendida como representacion de uno mismo plasmada en un objeto, pude darme a conocer y asi poder acercarme a gente maravillosa, con un espiritu inmenso. Desde los primeros dias fui sorprendiendome de la capacidad que tenia la bambucicleta para atraer espiritus curiosos, para desatar temas de conversacion con desconocidos, para generar buena virba en un entorno. Es cierto que se han acercado a lo largo de este tiempo mucha gente interesada en el negocio que podria representar, pero muchos mas fueron lo que se sintieron atraidos por el mensaje esperanzador intrinseco que en ella se encontraba.


Asi, desde aquel primer prototipo, fui relacionandome y conociendo circulos sociales diferentes, alternativos, en donde los valores humanos y el respeto siempre fueron moneda corriente. Se que de otra manera me hubiera sido imposible, al menos intentando comunicarme en palabras, acceder a conocer ciertas personas, a vivir ciertas historias, como pude hacerlo gracias a la bici. Nunca hubiera creido que construir un objeto que sirviera como estandarte y que representara nuestros ideales seria tan efectivo a la hora de comunicarnos entre nosotros.


Los llamados con inquietudes acerca del tema fueron llegando desde muchos lados diferentes, y asi fui ganando espacio en el ambito como referente en la materia. Hubo proyectos lindos que aun no se concluyeron pero que siguen en pie en mis anhelos, como un desarrollo de “bambucicleta social” que hice para el INTI cuando fui becado en el area de Tecnologias Sustentables y Calidad de Vida. Siempre me simpatizo el potencial que tienen estas tecnologias de las bambus para ser utilizadas como elemento tecnologico de desarrollo. Ahi en el INTI estaban mis intenciones de llevar adelante esa vision, aunque luego aprendi que los tiempos siempre varian a lo que uno imagina cuando los proyectos involucran diferentes actores.


Pero los hilos de nuestra vida se van tejiendo sin que nos demos cuenta, los caminos que transitamos sin tener en claro hacia donde nos llevan, terminan entrelazandose y conformando una red que nos revela nuestro destino. Mirando hacia adelante todo parece incierto y a veces hasta inconexo. Pero ya mirando en retrospectiva, todos nuestros sucesos y decisiones que elegimos parecen conformar una bella sinfonia en donde cada evento se conecta de manera armonica y fluida con el anterior. Por eso me siento seguro de que conviene actuar asi, siguiendo la intuicion del corazon, los llamados internos que nos hacen decidir a veces sin poder justificarlo logicamente. Hasta ahora ese metodo no me ha fallado. Las mejores invenciones y avances en disenho las he logrado cuando me puse a trabajar bajo un impulso casi mistico, guiado por una fuerza o una conviccion inexplicable e ilogica, inspirandome en voces e imagenes breves pero potentisimas que de pronto golpeaban desde adentro. En esos momentos, uno puede dejar pasar la tormenta y seguir con su rutina. O sino izar las velas y salir a navegar alocadamente en un torrente de creatividad y de locura.


Pero para que actuar, para que crear, si nada importa mas que la vida misma, delimitada y renovada por la muerte?


Por eso en mi vida fui entendiendo la importancia de conocer el entorno para conocernos, el valor del presente como unico elemento existente...y mas al final, la importancia de comunicarnos y compartirnos, tendiendo puentes entre las almas, para poder hacer frente a la implacable oscuridad de una existencia aislada y solitaria, producto de una vida culturalmente competitiva e individualista.


Asi fui aprendiendo del poder inmenso de la solidaridad, principalmente para con nosotros mismos, y como ante una disyuntiva entre dos opciones posibles, siempre debemos optar por la mas generosa. En este gran conglomerado de acciones y reacciones que dan forma al universo, el cambio de actitud que hagamos en nuestro comportamiento es el que luego veremos reflejado en los que nos rodean.


Y en esa intencion de conocer lo que nos rodea, para poder ponernos a prueba y asi conocernos interiormente, cada vez entiendo mas el invaluable beneficio de viajar. No irse de vacaciones, que es una cuestion distinta porque a la vuelta nos espera la misma rutina que antes. Sino viajar para encontrarnos, sumergiendonos lo mas profundamente posible en la forma de vida de los demas, en otros lugares. Y sabiendo que a la vuelta no seremos los mismos, sino una consecuencia mejorada de todos los sucesos que durante ese viaje nos ensenharon y formaron, de la misma manera que un cincel modela la piedra amorfa.


No me equivocaba cuando intuia antes del proyecto que viajar en bicicleta era una experiencia unica y determinante. Pero no hubiera imaginado que esa experiencia podria modificar mi manera de entender la vida misma, y que pronto sentiria un llamado casi adictivo e incuestionable para volver a salir sobre las dos ruedas tras aquellos horizontes lejanos que quedaron sin descubrir.


Lo dificil durante el viaje, un sentimiento recurrente cada varios dias, es la sensacion de ser un parasito de la sociedad, un simple expectador del mundo que nada hace mas que atravesarlo y apenas sentirlo, sin incidir ni contribuir en su mejora. Es entendible, pues uno se impregna de tantos saberes y aprende tantos valores de los lugares que recorre, que se termina sintiendo en deuda por no aportar algo de valor, por creer que en otra situacion podria estar ayudando con su trabajo, pero que en ese momento del viaje no hay tiempo ni recursos para hacerlo. Por eso a veces uno registra y escribe sus vivencias durante esos dias, al menos tratando de valorizar todo lo sucedido, para poder plasmarlo posteriormente de algun modo que sea fructifero y valioso, y asi darle algo mas de sentido a nuestra participacion en esa experiencia. Quizas a muchos no les haya pasado esta sensacion, pero son tantos los que me encontre durante este ultimo viaje que experimentaban interrogantes similares a lo largo de sus caminos errantes.


Hoy, encontrandome en mi casa de Rosario, trato de hacer ese balance que me ayude a aclarar mis ideas, que me indique hacia donde seguir. Hay muchas puertas abiertas, y tantas nuevas oportunidades que surgen a cada momento.


Seguimos recibiendo excelentes repercusiones del proyecto, en especial de difusion mediatica, y en estos dias nos reencontramos en el camino que vincula esta idea como motor de desarrollo social impulsado desde el Estado. Estamos desde hace semanas en un stand bambucicletero dentro de Tecnopolis, la muestra de ciencia y tecnologia promovida desde el Estado que se encuentra en Bs As, y fuimos elegidos finalistas para el premio Innovar. Anteriormente tambien, fueron sucediendo mas reconocimientos de este tipo, y si seguimos trabajando en nuestras flaquezas y potenciando nuestras virtudes, no hay duda de que en el futuro habra mas noticias positivas de este tipo.


Pero mientras tanto me encuentro solo, a la deriva con mis pensamientos, buscando el norte entre tantas que empujan por materializarse. Ya no se encuentra Marketa conmigo, quien ahora mira la luna desde otro continente, desde alguna ventana de su Republica Checa natal. Fueron tantas las noches que pudimos compartirnos viendo ese disco plateado guiandonos desde el cielo, que hoy siendo nuestra primer luna llena estando lejos, todo se siente mas frio y gris.


Aquel dia que nos conocimos en Belgica notaba que me atraia, pero no hubiera imaginado que tras tantas experiencias vividas, su espiritu brillante y bondadoso llegaria a arraigarse tan dentro mio.


Conocerla a ella fue poder encontrarme con mi lado mas humano, mas solidario y compasivo. Su paciencia y optimismo me ensenharon a fluir de mejor manera por la vida, a poder apreciar y valorar todas las cosas buenas que la existencia nos revela, sin dejarnos desequilibrar por los sucesos desfavorables. Estando con ella pude reconocer esa luz calida de afecto que destella dentro de nosotros, que existe en todos, pero que nos acostumbramos a ignorar. A traves de ella veo representadas mis mejores intenciones de ser una persona mas buena y justa, generosa y humana. Hasta antes solo intuia la existencia de un camino determinado por acciones de cooperacion y entrega solidaria, de ser capaz de elegir una ruta que me lleve al bienestar personal, pero aportando a la evolucion del entorno. Pero con ella, y mas aun durante nuestro viaje en bambucicletas por Sudamerica, pude percibir esas posibilidades como realidades tangibles. En definitiva, me ensenho acerca del amor y de como experimentarlo en lo cotidiano, mucho mas de lo que yo entendia.


Aun conservo la intencion inicial de hacer un viaje en bicicleta solitario, para poder alguna vez en mi vida encontrame cara a cara solo conmigo mismo, enfrentandome para decidir mi destino tras cada Km pedaleado. Se que experiencias como esas son unicas y reveladoras, pero que sin embargo aun no me he decidido a vivirla. Y existiendo companheras de viaje como ella, mas aun me cuesta elegir iniciar una experiencia asi tan personal y solitaria. Igualmente, una cosa no excluye a la otra, pues los recorridos son infinitos y el tiempo disponible es la vida misma.


Todavia entonces queda en mi cabeza la idea de partir en bicicleta nuevamente. Esta vez quisiera llevar un trailer (de bambu obviamente, que ya construi) cargado con algunas herramientas elementales de trabajo. Asi quizas podria dar mi aporte, ensenhando en los pueblitos errantes que visite en mi camino, algunas de estas tecnicas de trabajos manuales como las que utilizo para armar las bicis. El asunto es encontrar un espacio para un viaje asi, sin itinerario ni cronograma, solamente guiado por las senhales que se vayan presentando durante el camino. Volver a salir por nuestras tierras, pero esta vez con un rumbo norte mucho mas acentuado. Hay tanta belleza en nuestra escondida Latinoamerica, que salir a su encuentro no debe hacerse esperar. Solo hay que confiar en que el mismo camino va a determinar el rumbo a elegir, y que esas senhales casuales tambien redefiniran, lo sabemos bien, nuestra vida misma a partir de entonces.

domingo, 10 de julio de 2011

Día 4 Cerro San Javier - Benjamín Paz.

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Es fantástico como nuestra situación pudo cambiar de un momento para el otro, de la misma manera que el día sucede a la noche. Amanecimos temprano: como siempre Jere y Mariano ya se habían levantado antes que nosotros y estaban terminando de plegar y guardar su carpa. Nosotros aún dormidos tardamos un buen rato en organizarnos y empezar a movernos. Ellos siempre tenían la paciencia para esperar nuestro cuelgue. Afuera se veía nublado y neblinoso, pero por suerte con el correr de los minutos mientras desayunamos unos mates el cielo se fue despejando y la niebla se fue limpiando, permitiéndonos ver por primera vez el hermoso paisaje en donde nos encontrábamos. Había en vez de guachines escabiándose como la noche anterior, unos amigables obreros de la comuna que nos saludaban amablemente. Unos caballitos pastaban cerca de nosotros en el lugar donde la noche anterior solo se veía oscuridad y frio.

El sol ya brillaba cuando arrancamos a pedalear la subida. Fueron entonces apenas unos metros que avanzamos, cuando súbitamente nos topamos con un mirador a la ciudad de Tucumán, presidido por un Cristo Redentor estatua de cemento de esos imponentes. En un cartelito indicaban cuales eran los Cristos Redentores más grandes del mundo, y aparentemente éste estaba situado entre los primeros. Se ve que compiten a ver quien hace la estatua más grande de Jesús. La ciudad no alcanzaba a verse, porque aún mejor eran cubiertas por unas espesas nubes, dando la sensación de estar en los confines del mundo. Nos sacamos un par de fotos reglamentarias, y seguimos viaje. Fue ahí cuando nos dimos cuenta que a partir de ahí empezaba la bajada en todo el recorrido… adrenalina pura!

Era la primera vez en mi vida que bajaba una pendiente tan pronunciada y constante llevando la bici tan cargada y pesada, por lo que fui con cautela los primeros metros. En realidad creo que era la primera vez para todos que piloteábamos una bajada así con el equipaje cargado a pleno, incluso para Jere. Pero fueron solo esos primeros metros los de precaución, porque la emoción te va llevando a intentar cada vez velocidades mayores.
Las bajadas pronunciadas tienen varios efectos en una bici cargada, por el tema de la inercia. Son muy difíciles de frenar si uno no lleva buenos frenos, y aun así uno puede perder muy fácilmente el equilibrio si tiene que clavar los frenos de pronto. El otro asunto es que uno levanta mucha velocidad si se deja llevar, y eso es otra historia. Ahí yo lo veía pasar endemoniado y veloz a Jere y su carrito, pero hacia un wobbling oscilante todo el conjunto que parecía podría despegarse de la pista en cualquier momento. Yo iba probando posiciones de cómo acomodarme sobre la bici, y por hacerme el banana y querer apoyar los pies como moto casi pateo la dirección y me desbarranco. Jere conto que también, en una no pudo frenar y casi se va de curva. Marketa venía bien tranqui atrás, quizás hasta freno a sacar unas lindas fotos. Mariano también venia al palo, y en una curva no pudo controlar la velocidad y se fue por la tangente. Por suerte no se hizo nada grave, creo que ni llego a caerse definitivamente de la bici. Pero llevaba llanta de aluminio finito en la rueda trasera, y con el peso de las alforjas se le doblo toda en un terrible llantazo.

Le tuvimos que desconectar a la bici de Mariano el freno trasero para que no tocara con la llanta, y arrancamos nuevamente, yendo más despacio. Podía andar, pero con solo el freno delantero no da para andar tan despreocupadamente, y la llanta doblada iba haciendo que se le gastara rápidamente la cubierta, que ya de por si era bastante delicada. Así que a partir de ahí cada persona que cruzábamos le preguntábamos si conocían algún posible bicicletero cerca que pudiera enderezar la rueda sin romperla. No cruzábamos muchas casas, solo arboledas y algunas vacas, y curiosamente unos gringos sacándose una foto agarrando a una de las vacas del collar de manera penosa. Finalmente pudimos dar con quien nos indico que, volviendo unos cientos de metros sobre nuestros pasos, podíamos encontrar a un chico que arreglaba bicis. Nos mandamos por unas callecitas de tierra y llegamos a la casa de ese chico que, estando ahí en el lugar y sin cobrar un pe, nos hizo la gauchada de centrarle la rueda para que podamos seguir viaje. Un autentico gesto solidario que nos cambio las caras a pura alegría.

Así seguimos de bajadita empinada a bajadita suave, y un bicho que casi me revienta el ojo me hizo aprender que cuando uno va muy rápido da para ponerse los lentes… algunos son grandotes como el ojo mismo y duelen cuando uno los choca. El camino era tan fácil de pedalear que apenas paramos en las piedras a orillas de un arroyo que cruzaba la ruta a tomar unos mates con galletitas. En esas pocas casitas que había cerca, siempre la cumbia sonando de fondo.

Hasta que llegamos a la intersección con la ruta 9, una arteria nacional con gran flujo de camiones y muy angosta, por lo que de pronto otra vez volvió a cambiar el panorama. Se había acabado la bajada, y el tramo empezaba a ser una leve subida. Pero lo que jodía no era que había que pedalear con más fuerza para ir más despacio, sino que los incesantes camiones y ómnibus nos pasaban siempre muy cerca y de manera peligrosa. No había banquina pavimentada por donde pedalear, apenas unos cm desde la línea blanca. Y uno no se podía acercar mucho al borde tampoco porque había un desnivel considerable hasta la tierra, y caerse ya era de por si problemático.

El verdadero problema era cuando veíamos venir uno o más camiones en dirección contraria. Ahí entonces yo me daba vuelta a mirar si detrás teníamos otros camiones viniendo, hacia una posible triple intersección con nosotros y el otro camión. Cuando eso sucedía, no había lugar para nosotros y ellos, y entre bocinazos histéricos provenientes de todos lados nos teníamos que tirar irremediablemente a la banquina de tierra. A veces pareciera que los conductores argentinos se creen que una bicicleta no tiene espesor, y que ocupa el lugar de la línea blanca lateral como un objeto bidimensional. Siempre nos pasaban a cm de distancia, y la turbulencia de aire que generaban llegaba a sacudirte. Los camioneros al menos de lejos ya te van tocando bocina para que te corras, y corroboran su accionar pasándote bien cerquita. Los conductores de ómnibus son los peores, porque vos no los escuchas venir y cuando te están pasando por al lado bien cerquita te tocan bocina, haciéndote caer del susto. Los de autos son los más cagones, te tocan bocina mil veces desde re lejos como si te estuvieran por chocar y trataran de prevenir el accidente, y después ves que era un autito que te pasa a 10 metros de distancia.

Fue un cambio total en la onda del viaje, ahora estábamos con el casco bien puesto como talismán contra el miedo a ser aplastados. Si alguno de los inmensos vehículos que nos pasaban tan de cerca nos llegaban a tocar, íbamos a quedar enroscados entre sus ruedas y no iba a haber casco que sirviera más que para engordar el enchastre de tripas que íbamos a dejar en el pavimento.

Así seguimos pedaleando, en medio de una constante tensión por el asedio continuo de los motores y de los bocinazos desquiciados. No podíamos disfrutar el paisaje de la misma manera que al principio del día, aunque tampoco había mucho para ver en los alrededores de la ruta 9.

Para cuando se acercaba el atardecer y se iban acabando las horas de luz, comenzamos a ver donde podíamos hacer campamento para pasar la noche. No había mucho en el camino, salvo las entradas a algún pueblito. Finalmente decidimos detenernos en una estación de servicio con duchas a la altura de Benjamín Paz, sobre la ruta. No era el lugar más agradable para hacerlo, en medio de decenas de camioneros que también estaban parando ahí para buscar refugio y amores de alquiler, pero fue lo único que encontramos y ya no teníamos tanto tiempo de luz para especular con otro lugar.

Después de elongar pacientemente las piernas extenuadas, Jere y Marketa fueron a una despensa a buscar algo de comida para cocinar, mientras con Mariano instalábamos el campamento con su correspondiente fueguito.

Ya teníamos las carpas armadas y las llamas prendidas, cuando otra vez se nos vino encima una lluvia. Hasta hacia un rato era todo sol y calor, pero en un instante se abalanzó un frente de agua que nos cambio el panorama: carpas mojadas, piso mojado, fuego que se apagaba y no teníamos donde cocinar. Fue entonces que Mariano vio que cerca de donde estábamos nosotros había un quincho de paja y madera que parecía estar en desuso. Fue una afortunada decisión la que tomamos en ese instante, decidiendo cargar todo, incluso el fuego, y mudarnos hacia debajo del quincho para armar campamento ahí y pasar la noche más secos a resguardo de la lluvia.

La mudanza fue anecdótica, cargando todo sobre el carrito de Jeremías, que iba y venía con la bici llevando las cosas para ponerlas bajo techo. Ahí pudimos estar más tranquilos, y a machetazos conseguimos madera suficiente como para hacer arder una fogata motivadora que nos hiciera olvidar del cansancio y de la lluvia que ya estaba encima nuestro. Esa noche aprovechando tal fogón, nos cocinamos un delicioso pollo con arroz, acompañado por vino tinto en cajita, de esos que se consiguen en todos los pueblitos y paradores alejados.

En un momento mientras cocinábamos, un gaucho a caballo salió de la oscuridad y se vino hacia nosotros. Fue una visita amigable, venía a contarnos que él era el cuidador de ese quincho, que pertenecía a un boliviano que ahora estaba en su país, y que le había dejado el cuidado del quincho a su cargo. Nos tranquilizo con que ahí estaríamos seguros, y que él iba a estar controlando para que nada nos sucediera. Así que habiendo recibido la bendición del sereno, podíamos estar tranquilos y sin problemas para pasar la noche ahí.

Aprovechamos las duchas de la estación y nos pegamos un baño caliente revitalizante, que nos dejo relajados y bien blanditos. Comimos opíparamente, y nos quedamos luego en una larga sobremesa conversando acerca de los sucesos inesperados del día, como la sorpresa de los despistes en la bajada del cerro, que casi nos cuesta una rueda y parte del viaje.

Cubrimos las bicis con un plástico para que no se vieran tan llamativas desde lejos y pudieran incitar a un robo, acomodamos el resto de las cosas para que no se mojaran con la lluvia que nos acompañaría toda la noche, y de a poco fuimos atrincherándonos en nuestras carpas para dormir. El cansancio físico se sentía, y había que reponerse para el día siguiente, que esperábamos también seria desgastante. Igualmente todavía no sabíamos que iba a pasar con la lluvia. Si al otro día seguía muy tormentoso, no tendría sentido arrancar a mojarnos pedaleando, y quizás deberíamos esperar. Así que nos fuimos a dormir, con la incertidumbre de no saber que nos depararía el mañana.

domingo, 26 de junio de 2011

Día 3: San Miguel de Tucumán - Cerro San Javier.

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Cuando me levante para ir al baño me acorde de los mojitos que habiamos escabiado la noche anterior. Me dolía un poco la cabeza, la panza medio revuelta, y ese gusto en la boca seco y pastoso, bien de resaca. Eso era una molestia para arrancar a pedalear, sumada al cansancio de dormir poco. Afuera encima estaba feo, todavía llovía bastante y el cielo completamente nublado. Y sumado a eso, Marina nos estaba invitando a comer un delicioso asado al mediodía ahí en su casa, algo que desafortunadamente tuvimos que rechazar porque ya veníamos con la idea de la noche anterior de empezar el viaje con los chicos.

Así que nos despedimos apresuradamente de Marina agradeciéndole por tanta amabilidad y nos fuimos a encontrar a la plaza central con Jere y Mariano, para arrancar rumbo al cerro. La idea era hacer el circuito chico que sube hasta la cima y desde ahí retomar hasta la ruta 9 rumbo norte a los carnavales en Humahuaca. Faltaban varios días todavía para ese sábado en el que despiertan al diablo, por lo que contábamos con suficiente tiempo como para ir tranquilos. Pero el aliciente de ir acompañados por los chicos y tratando de acercarnos a su ritmo era motivo para que decidiéramos partir así tan a las corridas.

Nos encontramos con ellos cerca del mediodía, y como siempre seria desde entonces, ellos estaban listos esperándonos desde hacía ya un rato. Habían comprado unas empanadas, que picamos al paso para no perder mucho más tiempo y arrancamos.

Los primeros km fueron como si anduviera en bicicleta por primera vez. Aun no había despuntado como acomodar y distribuir bien el equipaje en la bici, por lo que se sentía muy diferente, y maniobrarla con agilidad teniendo el manubrio tan cargado y desequilibrado era bastante molesto. Uno cuando hace algo por primera vez trata de estar bien atento y minimizar las chances de mandarse una cagada. Por eso íbamos pedaleando despacito, sin forzar ningún musculo, en especial toda la zona de la rodilla que cuando se jode es complicado. Y sumado a esa atención interna a cada ruidito del cuerpo que está haciendo una actividad a la que no esta tan acostumbrado, venia también el testeo por primera vez del atuendo de ciclista nerd: calza con acolchadito, guantes, remera y medias dryfit sintéticas, casco, y ese tipo de artículos que a veces se asemejan más a talismanes de la suerte que a objetos prácticos.

Así venían transcurriendo los primeros 15 km, como un testeo tranquilo, hasta que de pronto al pie del cerro el camino se puso definitivamente empinado. Si bien era algo que esperábamos pues sabíamos que la cima estaba en nuestra ruta, siempre uno putea por dentro cuando ve a lo lejos que está yendo hacia una subida complicada. Así que encare con envión pedaleando fuerte, pero al toque fui perdiendo impulso, quedando solamente con la potencia que tiraban mis piernas en el cambio más livianito, a esa velocidad que es casi paso de hombre y en donde apenas uno se mantiene en equilibrio. Venia tirando concentrado en no caerme, cuando al mirar para atrás veo que los chicos hacía una cuadra que estaban parados. Es que Marketa se había bajado de la bici, y debido a la subida no podía volver a arrancarla y pedalear. Intentó caminar empujándola pero era aun mas difícil… así no íbamos a ningún lado. El viaje recién empezaba y ya estábamos complicados.

Es aquí entonces donde Jeremías tuvo el gran gesto solidario de alivianarle el peso a la bici de Marketa, cargando él la mochila de ella en su carrito. Quizás fue porque la bici quedó más liviana, quizás porque Jere logró transmitirle fuerza y equilibrio, la cuestión es que Marketa pudo entonces retomar la pedaleada. Así fueron entonces transcurriendo los siguientes km, bien despacio, en fila india, íbamos subiendo la ruta zigzagueante que nos llevaba a la punta del cerro. Durante todo el primer tramo, Jere iba acompañando a Marketa en su ritmo, buscando por sobre todo transmitirle la idea de esa pedaleada suave pero constante que cada uno tiene. Alrededor, el paisaje iba dando su aporte para enseñarnos por primera vez ese estado místico de conciencia que se logra en esas interminables subidas. Estábamos rodeados por una vegetación muy frondosa, donde no quedaba espacio libre que no fuera verde. De esos paisajes en donde ni el marrón del tronco de los arboles se pueden ver porque estos ya fueron cubiertos por enredaderas. Y era de entenderse esa exuberancia debido al clima, pues había una llovizna muy tenue pero persistente que parecía ser habitual en esa época que andábamos. Lo único que molestaba un poco era la cantidad de autos que había circulando y que apenas nos veían por la fría neblina que iba en aumento con el correr de la tarde.

Hicimos un par de paradas durante esas horas, para elongar y comer algo de fruta, galletitas y mate. Ahí aproveché también para fijar mejor las alforjas con un poco de alambre, porque venían bamboleándose demasiado y se ponían molestas para el equilibrio. Por momentos lloviznaba mas, por momentos menos…así que al pilotín de lluvia lo tuvimos siempre a mano.

Ya cuando se iba poniendo más oscuro, todavía estábamos en constante subida. A mí personalmente ya me había ganado el cansancio, y esa neblinita lluviosa y fría ya me había penetrado hasta los huesos y mojado la ropa. Así que decidimos buscar donde acampar, algún piso seco donde poner las carpas para pasar la noche. Primero paramos a preguntar en una casa, pero no tenia mejor lugar para poner las carpas que el pasto encharcado debajo de un árbol. Pero nos tiraron como referencia un lugar más arriba, en donde había un tinglado de chapa que usan en la comuna. Ahí fuimos, y si bien no había gente a quien preguntar nada, encontramos entre la niebla un piso con techo de chapa, junto a unos baños públicos. Para el tema comida, había a unos metros una despensita en donde conseguimos algunas verduras, escabio, pan y unos fideos que también compramos. Estaban meta cumbia y desfilaban porrones a dos manos, se ve que todos los de la zona se juntaban ahí a pasar el rato. Nosotros nos pusimos las carpas debajo del tinglado, y con mi machete mariano consiguió madera suficiente como para cocinar y calentarnos durante gran parte de la noche.

Fue grandioso sentir ese poder revitalizante y motivador del fuego. Porque veníamos bastante desmoralizados tras un día de tanta subida y con dudas en cuanto a nuestra capacidad física para afrontar caminos tan empinados y yendo cargados de equipaje. Pero el fuego y una comida bien contundente de pastas y verduras nos trajeron de vuelta el buen humor, y fortalecieron las ganas de seguir.
El cansancio nos vino de pronto con la digestión tras la cena, y de a poco nos fuimos yendo a dormir. A lo lejos, los guachines seguían con la cumbia cada vez más fuerte, y se oía ese griterío de borrachos. Así que amarramos con candado las bicis, y por seguridad me metí el machete dentro de la carpa. No como defensa, poco me ayudaría, sino por lo menos para no dejárselo a mano a alguno que pasara cerca. Mientras me dormía, si bien estaba tranquilo, los pensamientos en mi cabeza giraban en torno a la sensación de vulnerabilidad. En esa carpita, tan expuestos a que el mas tonto de los borrachos nos pudiera hacer alguna una picardía, tratando de dormir después de un día de extenuante pedaleada en donde apenas subimos unas decenas de km. Además, sin saber cuan empinada seria la subida del siguiente dia, ni cuanto faltaba para llegar a la cima del cerro donde se encuentra el Cristo. Sabía que todo saldría bien y que se iría acomodando de alguna manera, pero todavía no confiaba completamente en ese axioma. Mejor dormir y esperar el panorama que nos depararía el siguiente día. Afuera la noche era fría, y todo estaba oculto bajo esa neblina que por momentos llegaba a llovizna que mojaba de costado.

lunes, 20 de junio de 2011

Viaje en Bambucicleta por los caminos de Sudamerica (Argentina, Bolivia, Brasil).

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Es tan fácil perderse en los laberintos de la rutina cotidiana…

Hoy, como varios de los días previos, me invade una conocida melancolía. Me encuentro otra vez en Rosario, luego de estar casi 4 meses ausente viviendo una historia que jamás quisiera olvidar. Pero el invierno ya anticipado dio su aporte con sus grises nostalgias tempranas, y el quilombo reinante en casa trajo su cuota de angustia que ya me es familiar.

No todos los viajes son iguales, pero este último sin duda fue el más singular de todos los que hice hasta ahora, cuando me encuentro en las puertas de mis 30. Fue atípico por cómo se fue gestando, por la manera en que se fue dando, pero por sobre todo, por haber tenido la fortuna de organizarlo y compartirlo de un modo tan intimo con alguien con quien me terminé entendiendo tan profundamente. Es que con ella nos habíamos visto apenas una sola vez previamente en persona, para luego seguir conociéndonos a través de extensos mails.

Siendo concreto, hoy me encuentro tratando de narrar la historia del viaje que hicimos con Marketa en bambucicletas, durante más de 3 meses pedaleando los caminos de América del Sur. La difícil motivación para sentarme a escribir la encuentro en mi deseo de no olvidar… fueron tantos los aprendizajes y tan invaluables las experiencias vividas, que quisiera poder retener esos cambios de perspectiva y esas visiones tan claras de la realidad antes de que el fantasma de la rutina me induzca a un forzoso cambio de enfoque, adormeciendo nuevamente mi espíritu frente al abrumante tedio cotidiano.

Con Marketa nos conocimos hace más de un año en Bruselas, por un gran amigo en común, cuando yo andaba por esas tierras. Nos vimos apenas una noche y la tarde siguiente, pero las charlas que tuvimos alcanzaron para que nos pusiéramos a pensar de otra manera. Ella venia orgullosa por su trabajo en cooperación internacional como consultora de la Comisión Europea, yo en cambio estaba en un momento más radical y desconfiado frente a las instituciones de caridad humanitaria. Nuestros puntos coincidían en los objetivos, aunque discerníamos en los caminos para llegar. Yo me reía de su confianza en la burocracia, ella de mis planteos excesivamente delirantes… Jamás hubiera creído que tiempo después, la última noche del viaje cuando nos despedíamos en Curitiba, ella conto que una de las primeras dudas e interrogantes acerca del rumbo de su vida, que hasta entonces le parecía más clara, le surgieron luego de esa primer conversación la noche en que nos conocimos…en donde en realidad yo con cierta pedantería le ninguneaba el rol de las instituciones políticas europeas.

Cuestión es que nos caímos muy bien, y la despedida en Bruselas con un fuerte abrazo se transformo en un intenso intercambio de mails los meses siguientes, donde nos fuimos contando de a poco lo que éramos, lo que anhelábamos ser, nuestros pensamientos mas retorcidos. Así fuimos conociéndonos, carta tras carta, de manera paciente y sin mediar la presencia física, durante los largos meses que vinieron.

Tiempo después, ella me conto su idea de venir a recorrer Sudamérica de mochilera. Me entusiasme de entrada con el plan, y me di por aludido como si fuera una propuesta, que acepte redoblando la apuesta: hacer ese viaje juntos en dos bicicletas de bambú, que yo iba a diseñar y construir para tal ocasión.

El proyecto de las bicicletas de bambú ya hacia como 5 años que me tenía andando y trabajando, y este era quizás el momento adecuado para ponerle el broche de oro, el viaje sudamericano pedaleando que le había dado origen en mis sueños tempranos. Es que la intención inicial de construirme una bici, allá por esos años pasados, había surgido con el fin de poder usar esos modelos de bicicletas para viajar por nuestras tierras. Si bien desde entonces ya había hecho varios viajes en donde fui con bicicletas de bambú construidas por mí, todavía nunca había hecho ese tan anhelado viaje inicial en donde cortaría con todos los lazos cotidianos para lanzarme pedaleando desaforado a la ruta con la intención de no volver la vista atrás durante largas semanas, pudiéndome así sumergirme en una realidad diferente.

Por otro lado, este era el momento indicado para intentar hacer ese viaje, pues después se iría complicando cada vez más: Desde hace tiempo que se han sumado al proyecto de las bambucicletas dos grandes amigos personales, Chipo y Nino, con quienes trabajamos para llevar adelante como emprendimiento una idea que hasta hace poco para muchos parecía utópica. Los detalles de cómo venimos remando los últimos años contra viento y marea para poder sacar a flote la empresa trascienden estas memorias de viaje, pero estoy convencido de que son dignos de un libro entero. Es incontable la cantidad de inconvenientes y trabas de todo tipo que uno encuentra cuando quiere hacer un emprendimiento autosustentable. Por eso ellos también han venido esforzándose y pasado carencias para que podamos dar vida a una empresa propia, y es inmensa la dificultad que esto presenta, mas cuando se involucran cuestiones innovadoras que no tienen tanto parámetro de comparación en el mercado. Los últimos meses fueron de crecimiento ininterrumpido, pero a costa de desgastar nuestras vidas en incontables laberintos burocráticos y de logística, como también en cuestiones técnicas y prácticas.

En esos días justamente estábamos llegando a un punto bisagra, pues se estaba tratando de manera avanzada una negociación con un grupo inversor que también está entusiasmado con la viabilidad comercial del proyecto, una fábrica masiva de bicicletas de bambú. Sus primeras propuestas fueron un tanto elevadas en cuanto a pretensiones de control y porcentajes, por lo que era bueno tomar distancia para analizar todo el asunto desde una perspectiva más general que clarificara el panorama, y que permitiera entender los puntos en común para una negociación que fuera más favorable a ambas partes.

La idea que teníamos con Marketa para el viaje era bastante simple, se basaba principalmente en la improvisación: ella vendría a Argentina en enero, pasaría un par de días por Rosario para que combináramos (y nos conociéramos) en cuanto a los detalles, luego ella seguiría de mochilera por la Patagonia y parte de Chile, para después volver a mediados de febrero a Rosario, donde teníamos ya sacado pasaje en tren hasta Tucumán. Desde ahí, seguiríamos en bambucicletas rumbo norte, aunque sin un trayecto definido. La intención era poder ir decidiendo sobre el camino, hablando con los locales y escuchando su visión y sus recomendaciones, más allá de lo que pudiera indicar una guía o un mapa. Si bien el camino hacia el norte desde allí estaba plagado de subidas, también jugábamos con la carta de que no era obligación nuestra hacer todos los km exclusivamente en bicicleta. Estos modelos de bambucicletas los había diseñado para que fueran fácilmente desmontables en caso de querer hacer ciertos tramos en otro medio de transporte (bus, camión, tren, taxi, auto, lo que fuera…), por lo que eso no era un factor limitante, sino al contrario, enriquecedor para el viaje. El objetivo final de ella era Colombia. Para mí, era impreciso: sabía que podía estar afuera un mes para no abandonar tanto tiempo a mis amigos-socios en el proyecto, y mis fondos no me permitían llegar lejos tampoco. Por eso creía que si todo andaba bien, incluida mi convivencia con Marketa, con suerte llegaríamos a la frontera con Bolivia y recorreríamos un poco de ese país. En el medio estaba la Quebrada de Humahuaca, con sus carnavales que se avecinaban, y era una cita a la que no queríamos faltar. Poco entendía en ese entonces del poder inmenso que ejercen estas experiencias en nuestro espíritu, y como sin darme cuenta y desoyendo los pedidos de mis socios para que regrese a poner manos a la obra en el proyecto, iba a extender mis días afuera del país conociendo otras culturas por más de 3 meses. Lo que parecía una escapada larga por el Norte en bicicleta, se transformaría en una aventura de viaje y de vida que me haría replantear muchas cuestiones de mi manera de vivir hasta entonces, y que me dispondrían de otra manera de cara al futuro.

Así fue pasando el tiempo y llego enero, y Marketa a Rosario. Vino con otra amiga de Bruselas, Magali, a pasar un par de días. Quizás Magali vino también a controlar la situación, no fuera cosa de que Marketa venía a casa y se encontraba con que yo en realidad era un desquiciado que la cortaría en fetas con un machete y se la daría de comer a los perros. Por suerte no fue así, sino que fueron dos días muy intensos en donde quisimos llenar cada espacio de tiempo con alguna actividad. Anduvimos en bici por Rosario, haciendo un tour para mostrarles los atractivos de la ciudad y lo caótico del tránsito. Por la noche, salimos a bailar con mis amigos a un boliche, cosa que no es tan habitual en mí pero que merecía por la ocasión. Nos divertimos mucho, llegando a casa muy entrada la mañana. Finalmente entonces, por primera vez desde que nos conocimos, estuvimos solos y pudimos mirarnos a los ojos, para seguir esa silenciosa charla que había empezado meses atrás. Todas las especulaciones acerca de cómo nos veríamos y sentiríamos en persona luego de habernos conocido tanto por mail estaban quedando afuera. Esos interrogantes fueron cayendo poco a poco como nuestras ropas al suelo. Suavemente nos fuimos desnudando y así mostrándonos cómo éramos realmente, como nos habíamos conocido. Todo fue tan natural que nada hubo que pensar, apenas dejar fluir el lenguaje que ya existía entre los dos.

Rato después, cerca del mediodía, paso Iván a despertarnos del poco sueño que estábamos logrando, para que fuéramos con él al río a empezar una jornada veraniega. Cargamos comida y hielo y encaramos a la guardería a buscar su lancha. El día estaba perfecto, calorcito y sol, ideal para pasarlo en la isla. Fue un día tranquilo, música y bebidas desde temprano, junto con un gran grupo de amigos que estaban ahí desde hacía rato. Así transcurrió la tarde, intercalando algunas zambullidas refrescantes con altos vasos de escabio. Ya cuando caía el sol, en el momento justo para cambiar de ambiente, nos pasaron a buscar en lanchita y cruzamos a una playita parador enfrente, en donde se estaba por largar una terrible fiesta. Así le metimos joda desde recién entrada la noche, en la arena junto al río. Mucha gente, música al palo y luces de colores contrastaban con el inmenso paisaje de la isla. Las estrellas y la luna, el reflejo en las aguas del río con la temperatura justa para bañarse, las fogatas que brillaban a lo lejos…era de esas fiestas en donde uno quisiera quedar atrapado en el tiempo.

Pero el cansancio nos fue ganando, y sobre el final ya estábamos listos para volver… el problema en la isla es que no es tan fácil hacerlo como pensarlo. Así que en una movilización un tanto caótica logramos subir a una lancha (éramos muchos, y había posibilidad de que alguno quedara olvidado en la isla hasta el otro día) y volvimos al terreno de Iván. Ahí bajamos de a poco el ritmo, alrededor de un gran fogón que nos cobijaba de la noche, y contando entre risas todo lo que había sucedido durante ese largo día. Después, siendo una decisión tomada entre quienes manejaban las lanchas, decidimos cruzar a Rosario. Fue un poco difícil ir tanteando en la oscuridad del rio y en sus confusos reflejos el camino de regreso a las guarderías, sin chocar contra algo que se escondiera en la espesura de la noche. Pero haciendo un esfuerzo con la vista y con todos los sentidos abiertos, logramos llegar sanos y salvos. Yo iba en la proa con las pupilas bien abiertas y hasta olfateando el aire. No fuera cosa que nos comiéramos alguna de esas lanchitas que estaban apagadas y silenciosas en la oscuridad. En el medio, hubo tiempo para frenar bajo las luces del puente y hacer una especie de fiestita flotante con la música bien al palo, como para coronar con una imagen así el cierre de una noche memorable.

Los días siguientes, Marketa continuó su viaje hacia el sur, buscando conocer la Patagonia. Yo me quede en Rosario construyendo las dos bicicletas que nos llevarían, y que aun estaban sin terminar. También, estaba a medio construir un carrito de una sola rueda para utilizar como tráiler en la bici y poder cargar más cómodamente el equipaje. Ese fue otro diseño apresurado que no pude finalizar a tiempo.
Asi las largas jornadas sofocantes de enero y principios de febrero fueron transcurriendo, hasta llegar súbitamente la fecha de partida. Esa semana fue una vorágine de actividades en donde apenas tuve tiempo de terminar de armar las bicicletas, así que cuando la cargamos con todo el equipaje recién tenían unas vueltitas de prueba, y no sabíamos ni cómo distribuirlo equilibradamente cuando se nos acerco la hora de partida en tren.

El día estaba nublado, y con todo el apuro que provoca el miedo de perder por retraso el pasaje, salimos pedaleando como pudimos hasta la terminal. Fue todo tan rápido y sin tiempo de reflexionarlo, pero ahora mirando en retrospectiva me doy cuenta de que en ese momento estábamos entrando en otra etapa de nuestras vidas, que a partir de entonces cambiaria nuestra idea acerca de cómo se construyen las aventuras.

Sabía sin embargo que sería un viaje interesante y con muchas anécdotas, así que quise ir llevando un diario con anotaciones diarias. Quien haya intentado hacer esto se habrá dado cuenta de que los sucesos superan a la capacidad de ir anotándolos, sumado a que son tan intensos y constantes esos momentos que uno vive en estos viajes que apenas puede encontrar un minuto libre para detenerse a escribir. Los primeros días me tome el trabajo de la “pausa para anotaciones”, pero en un momento se hizo difícil y apenas pude transcribir los rasgos principales de cada día, en orden cronológico, para que me sirvieran de ayudamemoria futuro, en las horas en que quisiera eventualmente recordar nuestras anécdotas con dulce nostalgia.

Voy a ir reproduciendo las líneas que fui escribiendo durante el viaje, con las acotaciones y detalles que puedo adicionar ahora que pasaron apenas unos días desde mi llegada. Siento que la realidad frenética que hoy encuentro en Rosario me hará ir olvidando de a poco las verdades que fui aprendiendo durante el viaje. Quizás este intento de recopilación me sirva para afianzar esos pensamientos y conclusiones a las que llegue aquellos días, y me ayude a rescatarlos del irremediable olvido al que mi permeable memoria los ha condenado. No voy a negar el hecho de que ir recordando aquellos momentos de alegría tan intensa, me va a traer además aparejado una melancolía sentimental difícil de digerir, producto de tantas felicidades ya sucedidas. Mi intención es recordar y reflexionar acerca de los tantos hermosos momentos vividos durante nuestro viaje sin rumbo, tratando de no sentir tanta nostalgia ante la certeza de que esos alegres momentos ya han pasado.

Fueron unos 100 días de sucesos, que iré transcribiendo de a partes, escribiendo como pueda, en los momentos que encuentre un espacio. No quiero abandonar la tarea hasta finalizarla, pues estos recuerdos corren el riesgo de ir destiñéndose con suma facilidad. Sé que esta metodología de ir narrando cronológicamente los sucesos es harto aburrida, pero en estos días en donde ya todo lo recuerdo tan lejano y difuso, prefiero aferrarme a algún método que me oriente la memoria.


DIA 1
Rosario - Tucumán:

Salimos apurados como pudimos, probando las bicicletas recién en el mismo camino hacia la terminal Rosario Norte. Apenas tuve tiempo de terminar de equipar las bicis, y como buen argentino pude salir del paso fijando todo con alambres. El día estaba nublado y tolerable en cuanto al calor, lo que facilito nuestro andar. Las bicis iban demasiado cargadas en el frente. Se sentían estables y robustas, aunque muy lentas para maniobrar.

Llegamos a la terminal de trenes, y aun no sabíamos que rumbo tomaríamos una vez que entráramos a Tucumán. En la espera conocimos a un antropólogo muy simpático que nos hablo en detalle de tierras paradisiacas, de arroyos y extensas fincas sembradas, de aguas termales y de naturaleza exuberante... pero para llegar a esas regiones deberíamos tomar rumbo suroeste, a Catamarca y La Rioja. Ya ni habíamos arrancado y, como tantas veces sucedería durante el viaje, estábamos sobre la hora decidiendo hacia dónde ir. Pasamos el tiempo de espera a que llegara el tren jugando a marcar con el dedo en el mapa los puntos interesantes que este antropólogo iba narrándonos, con el brillo en los ojos de alguien que recuerda con alegría y deleite imágenes bellas del pasado. Fue ahí en la terminal donde creo que afortunadamente perdimos la guía turística de Argentina que Marketa había traído. Después nos daríamos cuenta que estas publicaciones, si bien ayudan y son positivas en cierto modo para incentivar al viajero independiente a recorrer, terminan determinando un itinerario de viaje muy sesgado, en donde todas las actividades y recomendaciones están pautadas y el flujo de turistas termina viéndose encausado.

El tren que tomamos de la empresa FerroCentral, hay que reconocerlo, es una reliquia que nos recuerda un pasado glorioso en el transporte ferroviario, y nos incentiva a un futuro de reencuentro con los trenes. Para cargar las bicis no tuvimos problemas, pues existe el vagón furgón para llevar equipaje. El único requerimiento, por más que a veces sea una solución ilógica (pero es orden del superior encargado) es quitarle la rueda delantera, como diciendo “ahora sin rueda delantera la bici esta desarmada”. A veces, como en el caso de mi bambucicleta que también tiene alforjas delanteras, desmontarle la rueda no ayuda demasiado en cuanto al espacio, y para colmo resulta más difícil de acomodarla finalmente de manera segura. Quise explicarle esto al chico que trabajaba, pues había lugar de sobra para subirlas armadas sin sacarles nada. Finalmente conversamos con el encargado y las pudimos subir al vagón furgón sin hacer quilombo innecesario.

Con las bicis ya guardadas, pudimos empezar tranquilos nuestra travesía en tren. Fue ideal haber conseguido viajar en camarote, posibilidad que no existe en los ómnibus y que le aporta una gran cuota romántica al viaje. Fueron 19 hs pasando por extensas regiones de nuestro país, pudiendo apreciar todo desde nuestra gran ventana, recostados cómodamente en la cama y sintiendo el suave e hipnótico vaivén rítmico que generan las vías al pasar los vagones sobre ellas. Es muy interesante la perspectiva que proporcionan estos trenes, diferente al habitual recorrido por las rutas de los ómnibus, pues las vías en las ciudades siempre están rodeadas por las construcciones más humildes y provisorias. Así Marketa pudo conocer más de cerca las Villas emergencia, que tan habitualmente se pueden encontrar al pasar por las zonas urbanas.
El viaje en este servicio de tren es muy recomendable, de los únicos que quedan en Argentina hasta su próximo nuevo resurgimiento. Más aun si uno lo hace en camarote. Ahí uno cuenta con dos camas cómodas, un lavamanos y espacio más que suficiente para acomodarse y flashear con la gran ventana al exterior que hace de pared y que permite disfrutar del cambiante paisaje. Además cuenta con un vagón comedor, por lo que uno puede estirarse paseando dentro del tren, yendo a tomar algo, comer algún plato durante la cena o el desayuno, pudiéndose hacer más llevadero el trayecto. Un detalle curioso es que, siendo este tren una formación tan antigua, cuenta con un aire acondicionado que solo funciona en dos puntos: muy fuerte o apagado, sin término medio. Así el comedor se convierte en un microclima invernal en donde uno está obligado a llevarse todo el abrigo que trajo.


Día 2, Tucumán.

Entramos cerca del mediodía a Tucumán. Nuevamente, mucha pobreza en los alrededores. El día estaba nublado y caluroso, se respiraba en el aire esa calma chicha previa a las tormentas. Estábamos en la terminal de trenes rearmando las bicicletas, cuando se nos acercaron a saludar dos chicos que también habían bajado de nuestro mismo tren con sus bicis equipadas. Ellos eran Jeremías y Mariano, y venían desde Buenos aires con la idea de pedalear hasta Humahuaca. Se acercaron porque a Jeremías le había contado de mis bicis de bambú un amigo en común, Adrian, que tenemos en Córdoba. A mí también Adrian me había hablado de Jeremías, quien viaja con un carrito tráiler de bicicleta muy particular, de esos con una sola rueda. Secándonos el sudor que chorreaba ante cada leve movimiento, salimos a pedalear juntos los cuatro rumbo a la plaza central, para buscar un poco de información y orientarnos mejor.

En la plaza hicimos la típica visita a la oficina de turismo, para manguear un mapa y algunas referencias. Jeremías en las alforjas tenía un envase de porrón vacio, así que fuimos a cambiarlo por uno lleno y a brindar en la plaza por un feliz viaje. Fue en ese momento en que se desato la tan preanunciada tormenta, con lluvia contundente que mojaba todo. Resguardamos las bicis bajo un plástico que tenia Jere, en una primera muestra de generosidad por su parte que se repetiría durante los días siguientes.

Cuando paró de llover un poco nos intercambiamos teléfonos y nos despedimos. Con Marketa habíamos quedado en pasar la noche en casa de Marina, una chica que yo había contactado en CouchSurfing unos días antes. Por suerte no vivía tan lejos, y fuimos pedaleando en un ratito. Marina nos recibió muy abiertamente y nos ofreció un tecito y una ducha para recuperarnos de la mojada. Charlamos un rato para presentarnos, hasta que se fue a trabajar, dejándonos las llaves de su casa. Nos quedamos echados un rato, pero después nos fuimos al centro, a encontrarnos con el Arq. Horacio Saleme para hablar sobre proyectos relacionados con el bambú. A él lo conocí en el ecobarrio de Salsipuedes en Córdoba, cuando dio un curso sobre construcción con este material, y nos caímos bien. La idea es que él pudiera participar en la arquitectura de la fábrica de bambucicletas, y ese era uno de los temas a dialogar. Nos encontramos en un barcito cerca de la peatonal para tomar algo, afuera otra vez llovía.

Ya por la noche volvimos a casa de Marina y ella estaba con unos amigos y el novio que había venido de España, haciendo una previa con porrones antes de ir a un recital. Nos quedamos filosofando entre birras un rato hasta que tuvieron que irse, gente muy inteligente y divertida con los que se podía hablar de cualquier cosa. Una lástima que no nos pudimos conocer más.

Nos indicaron unos bolichitos cerca para ir, adivinando bien el estilo que preferíamos. Caímos en uno llamado Playa Girón, en donde a buen precio comimos unos ricos platos, mojitos frescos 2x1, mientras de fondo sonaba una linda banda de jazz. La decoración muy cálida, y en las paredes uno podía leer los versos de la canción homónima de Silvio Rodríguez. Ahí nos reencontramos con Jere y Mariano, para planificar entre más mojitos lo que haríamos al día siguiente. Ellos ya al otro día salían hacia el norte, pero nos proponían hacer juntos a modo de prueba un primer circuito chico para ver cómo nos sentíamos. Es que nosotros por el contrario veníamos muy pachorra llenos de dudas acerca de cuándo arrancar a pedalear y en qué dirección, y asumíamos de entrada quedarnos 1 día más en casa de Marina, para compartir con ella un rato conociendo su ciudad. Pero también éramos concientes de que nosotros dos éramos muy novatos en el cicloturismo, y que eso nos pondría muy dubitativos a la hora de arrancar, por lo que sentíamos que necesitábamos un empujón inicial para ponernos en movimiento. Así que aceptamos la invitación de arrancar al otro día con ellos, y tras un último brindis nos fuimos a dormir, ansiosos ante la exigente pedaleada del día siguiente. Afuera, otra vez, llovía.


Día 3 San Miguel de Tucumán - Cerro San Javier.

martes, 9 de noviembre de 2010

Aprieto Enter? parte 2: la sensacion agradable.

El otro día en el texto anterior de este blog, me enroscaba tratando de clarificar los orígenes y motivos de esa sensación desagradable que de tanto en tanto me invade por dentro y me bloquea.
Hoy sigo andando, tras la búsqueda de esa otra sensación que tan bien puedo identificar muchas veces, y que seguramente muchos conozcan de qué se trata, pues se repite bastante seguido si uno anda por el camino "correcto".

Es un cosquilleo por dentro, un estremecimiento que físicamente se manifiesta poniéndome la piel de gallina. Su llegada repentina es como la de una brisa, súbita y efímera como un suspiro, provocándome un bienestar interior, una suave y clara sensación de alegría, de felicidad por existir, de formar parte importante de algo que todo lo abarca.

Hay muchas circunstancias en las que me di cuenta de que esta sensación de frescura que me susurra el espíritu es más propensa a aparecer. Es en los momentos de contemplación absoluta del entorno, como recuerdo haberla sentido una cálida noche de verano en una playa solitaria, sentado frente al mar, con los ojos cerrados y tratando de impregnar mis sentidos con el olor salado y el murmullo de las olas, mientras las estrellas infinitas bañaban mi cuerpo, mientras esa constante brisa marina susurraba a mis oídos y secaba mi piel. Era una de las primeras veces que finalmente podía sentirme en armonía conmigo mismo, dentro de un mundo que hasta entonces se me hacia la mayoría del tiempo como un lugar frio y hostil. Era la sensación de sentirme parte de un todo, sin barreras ni divisiones, por más que sólo fuera una sensación metafísica casi inexplicable.

Otras tantas veces volví a sentir esa sensación agradable, y en circunstancias aparentemente diferentes. Trato siempre de encontrar el parámetro que se repite, para poder entender cuáles son esos factores que la hacen más propensa a que se vuelva a presentar. Por ejemplo estando en la cancha de Central, alentando en los segundos previos a que el equipo ingresara al estadio. La gran bandera azul y amarilla enrollada en la parte superior de la popular, y de pronto entre todos empezábamos a bajarla, cubriendo como un manto toda la tribuna. Era como si nadie la tocara, simplemente la inmensa bandera se iba desenrollando y desplegando sobre toda la superficie, moviéndose como en oleadas, cubriéndonos a todos los que desde abajo agitábamos como locos con los brazos en alto, cantando y gritando para ver a nuestro equipo motivado. Esa bandera era inmensa, y parecía cobrar vida propia. Nadie la hacía bajar, nadie la tocaba, pero la energía de todos la hacía mover con una fuerza inigualable, con una presencia que impactaba y conmovía. Ver a Central salir a la cancha en esas noches de futbol era sublime, me estremecía por dentro esa sensación de estar todos empujando para el mismo lado. La popular repleta con gente de tantos sectores sociales, unidos por una misma pasión sin sentido ni explicación. Yo esquivaba ir a la platea: era mas cómodo y el Ale me conseguía entrada, pero ahí los plateítas solían ser viejos quejosos que poco alentaban e incluso criticaban a gritos a aquellos pobres carrileros por derecha tan rústicos y pataduras que supimos tener. A mí me gustaba sentir la fuerza de la hinchada, el grito compartido y unificado entre todos, en esas canciones que hacían hervir el estadio. Me gustaba llevar bolsas de papelitos, con paquetitos cuidadosamente preparados el día anterior, para poder repartir entre los concurrentes, y así teñir el cielo de blanco cuando el equipo ingresara. Me embriagaba esa sensación de ser todos uno solo, alentando y empujando por algo, por más que sólo fueran 11 monos corriendo atrás de una pelota. El equipo de Don Ángel Zof que entraba y el estadio temblaba, los gritos de todos unidos en un único canto ensordecedor, y la furia de los petardos, bengalas y papelitos transformaban ese estadio de futbol en un espectáculo inexplicable y estremecedor. Pienso en esa canción y me vuelve la piel de gallina, la que más me gustaba escuchar y cantar hasta quedar afónico, cuando el equipo salía a la cancha: "central, mi buen amigo! esta campaña volveremo a estar contigo! te alentaremooo de corazooon , esta e tu hinchada que te quiere ver campeooon... no me importa lo que digaaaan, lo leproso y los demaaaaaa, yo te sigo a todas parteeeee, cada vez te quiero maaaaas! vamoooooo"

Pero el tiempo fue pasando, y mi enamoramiento por la pasión futbolera, por la fuerza colectiva de la hinchada se fue desgastando. En realidad siempre se mantuvo, pero mi racionalismo empezó a notar que nuestras conquistas colectivas no repercutían prácticamente en la vida cotidiana. Podíamos ser la hinchada que mas alentaba, la más colorida e ingeniosa, pero eso poco ayudaba a cambiar la triste realidad de la mayoría, que día a día se tenía que volver a enfrentar con los mismos problemas. El futbol empezó a demostrarme ser un desvío, una diversión que sólo alejaba momentáneamente las penas mundanas, pero que estas seguían ahí cuando el partido terminaba. Me fui alejando de a poco de esa movida, que ahora recuerdo como un detalle pintoresco de un periodo adolescente plagado de búsquedas apasionadas, tratando inconscientemente de encontrar esa sensación estremecedora de bienestar de la que hablaba al principio.

Lo curioso es que desde ese sano (e inefectivo) placer de ser hincha de futbol, recuerdo haber pasado a una etapa bastante turbia y negligente en mi vida. Hubo etapas entre medio, pero acá trato de ir saltando entre los escalones en los que yo creía encontrar esa sensación placentera, esa luz interna que brillaba en ciertos momentos de comunión en los que me sentía parte de un Todo inmenso y poderoso que me uniera con alguien, con la gente, con el entorno, de una manera profunda y genuina.

Puede sonar absurdo, pero en ese periodo siguiente, creí encontrar esas sensaciones cuando empecé a asistir con cierta regularidad a las fiestas "rave" de música electrónica. No quisiera detenerme mucho a explicar cuáles fueron los motivos que me sumergieron en ese mundito oscuro y ruidoso, decorado con flashes, luces y pastillas de colores. Era el culto al PLUR: peace, love, unity and respect; en donde la generosidad y la fraternidad entre los clubbers asistentes a las fiestas eran moneda corriente.
Yo estaba habituado a que los boliches de música eran lugares en donde la mayoría eran borrachos violentos que iban empujando e intentando levantar minitas con actitud cavernícola, y de pronto me encontraba en estas fiestas rave en donde el objetivo colectivo era que todos pudieran disfrutar de manera grupal de las sensaciones psicodélicas que ahí se generaban, haciendo incluso esfuerzos para ver feliz al de al lado. Todo se compartía, porque todos sabían del efecto agradable que producía cada acto de generosidad, potenciados por la música de sonidos hipnóticos tribales y por las drogas sintéticas que emulaban ser MDMA.
En esa época de ingenuidades y curiosidad existencial hice muchos amigos "de la noche", que compartían conmigo esos confusos deseos de encontrarse a sí mismos a través de cualquier camino alternativo, incluso éstos en donde las neuronas y la billetera se te iban esfumando noche tras noche, dejándote un sabor pastoso y seco en la boca al otro día. De esos amigos, conservo algunos con quienes todavía comparto una estrecha relación, afianzada por haber vivido juntos esa época de vulnerabilidades espirituales dibujadas y retocadas artificialmente.

Hoy que veo las cosas un poquitito más claras, antes de pasar a la etapa siguiente, me creo abierto a mostrar una carta, que le mande a uno de esos amigos que aún conservo, tratando de explicarle en ese momento una situación un poco perturbadora que había vivido previamente. Sé que si la releo me voy a sentir avergonzado profundamente por haber sido y pensado así en alguna época, pero voy a darle enter, total el Gran Hermano ya todo lo sabe. Igualmente recomiendo saltear la lectura de esta parte (si es que aguantaste leer hasta acá), es realmente avergonzante visto desde la óptica actual.

Cuanto de cierto hay en eso de que las experiencias del pasado definen tu personalidad y tu manera de pensar...no diría determinantemente, pero que dejan marcas fuertes, las dejan.
Te acordaras anoche en la fiesta (bah, en realidad sería mejor decir "te voy a recordar") cuando estábamos en el medio de la pista con Cintia bailando un rato. Te dije en un momento "a mí ya me está limando eso, no se a vos", señalando de reojo a tu novia. Por ahí ahora te acuerdes. Ella estaba bailando re divertida, relajada y hasta de manera muy sensual (perdona que lo diga, no lo tomes como una intromisión o una falta de respeto, además ese modo de bailar es en cierta medida importante a la hora de narrar la situación) con un flaquito (o chaboncito para vos) que tomaba speed con vodka y tenía una pinta de pasado de merca terrible. Es más, cabe aclarar que a lo mejor era tu amigo y era un tipazo, pero yo solo cuento lo que vi y sentí. La cuestión es que bailaban muy acaramelados; ella porque estaba divirtiéndose, disfrutando de cada movimiento al compás de la música, dejándose llevar el cuerpo por el latir de los graves que exclamaban los parlantes. En cambio él parecía que lo estaba haciendo porque se creía que iba a sacar algo a cambio. Seamos sinceros, cuando uno está pasado de escabio solo piensa en que a la mina que te baila con la boca cerca adelante tal vez le puedas robar un beso, después de tanto roce y sonrisas cómplices, más allá de que el novio este ahí cerca... es más, por ahí piensa "este empastelado ni a palos que se da cuenta, mira la cara de salame drogado que tiene. Estos que toman pastillas son todos unos blanditos que se creen que todo es paz y amor, mira como le cago la mina por gil... después, una meadita un saque y una birra (jaja esa última frase la escuche una vez en una fiesta de boca de unos cabezas merqueros, me causo tanta risa que cada tanto la repito).
Me creí malpensado después, como muy mambero... Si el flaco era un pasado de rosca que estaba flasheándola que era Brad Pitt y creía que tu chica le iba a dar bola problema de él. Total, cualquier mente coherente, por mas llena de químicos que este en el momento, daría por sentado que si el chaboncito le tiraba un beso o se propasaba un poco, tu novia lo iba a frenar al toque. Si, efectivamente, que mambero que fui, como voy a pensar eso? Acaso a alguien sería tan perdedor como para que le pasara algo así?
Año 2004. Primer Southfest. Te acordaras, probablemente fuiste. Tocaban Roni Size, Sasha, Howells, Zuker, Martín García, o era Cattaneo? bah, que me importa cual era, no viene al caso (además tocaban lo mismo, como para no confundirlos al recordarlos). Yo en esa época andaba en medio de una historia de amor un poco rebuscada. El comienzo fue típico: ella amiga de la facu, nos conocimos estando los 2 de novios. Obviamente, como todo ingrediente de un enamoramiento, el primer día que la vi quede flasheado. Sinceramente no sé si contar con detalle cómo se fue gestando la historia. Quedaría muy largo, pero a la vez fue una historia tan llena de sucesos narrables, que pareciera como que ninguno se podría dejar de lado para entender en que "estado" llegue a esa fiesta. En términos generales podría decirse que yo me fui enamorando a partir del día en que la conocí. Fuimos amigos durante un tiempo maravilloso. Éramos como culo y calzón. Mira que yo fui de tener "mejores amigas", de enamorarme, de encarármelas después y todo el rollo ese. Típico de adolescente. Pero esto era distinto, sinceramente yo sentía que había algo distinto entre nosotros. Podíamos estar 24 hs al día juntos, 7 días a la semana, y no dejar de divertirnos. Es más, si un día no nos veíamos, nos extrañábamos.
Ahí tuve que hacer una pausa para pensar... punto y aparte. Mientras más trato de resumir con algún término general las cosas que fueron sucediendo y que determinaron mi carga emotiva, más voy recordando situaciones. Puta madre, no me acordaba que había tanta porquería guardada. Si hasta tengo que ir ordenando las imágenes cronológicamente porque no recuerdo de entrada en qué orden sucedieron. Si las ordeno de ciertas maneras me hacen quedar como un idiota. Si las ordeno de otras quedo como alguien que tuvo mala suerte con la mina que le toco. Espero que sea lo segundo.
Sí, creo que ya ordene la serie cronológica de sucesos... Lo gracioso es que no se puede llegar a una conclusión de si fui un pancho o no. Igual tampoco tiene mucho sentido pensarlo, es todo tan subjetivo...
Mejor me centro en lo que te pensaba contar, lo de por que la flasheé así en la fiesta con el chaboncito y tu novia, que me remitía a la southfest. En otro momento tirare toda la mierda que paso antes y después de eso (si, porque hay un después, ahí si soy un pancho al cuadrado). Entonces, te contaba, había ido a la southfest con ella y un amigo. Yo, en ese momento ya podría decirse que era algo así como "pareja" de ella. Teníamos un trato muy íntimo. Ya habíamos tenido unas semanitas de relación “mas seria” meses atrás, después nos habíamos separado. Como toda historia que uno sueña, ella volvió conmigo en el verano caluroso que separo al 2003 del 2004. Para confirmar mis "sospechas" de que algo en serio se estaba gestando, que ella finalmente me querría como novio, consolidamos todo en unas vacaciones que hicimos juntos a Merlo los dos solos. Al menos así lo entendí y lo sentí en ese momento. Si, la cosa venia en serio, y yo decidí abrir del todo mi corazón. No me arrepiento, fue una sensación muy rica en ese entonces, vos la conocerás muy bien. Por momentos las cosas se enfriaban un poco, volvíamos a ser mas amigos que novios. Bah, la única diferencia en realidad es que ella nunca usaba el término novios, pero a mí no me importaba, porque lo nuestro era más de novios que el 90% de los noviazgos que uno ve por ahí. La cuestión es que yo venía con el corazón a pleno, y vino Tiesto a tocar en Mint. Jajaja vos pensaras "como divaga este"... y bueh, es que se van juntando varios factores que hacen al total, a lo que paso la noche de la southfest, y que por como veras me quedo bastante marcado. Vino Tiesto y decidí ir con ella y un amigo de ella (que un par de años atrás había sido su novio). Esa noche fue fantástica, por todo. Era la segunda vez que me empastelaba, la primera con ella. No sucedió nada entre nosotros esa noche; yo lo entendí como que no quería volársela al flaco, y así me lo explico ella después (recordá eso y anda riéndote). Pero igual, mas allá de que no hubiera habido un beso, los dos sentimos de la misma manera lo sucedido esa noche. Serotonina empapando nuestras cabezas, recuerdo un instante en que le tome la mano para llevarla adelante. Una sensación embriagadora invadió mi cuerpo en ese momento... entro por mi mano, la mano que nos unía, y fue fluyendo poco a poco hasta llenar por completo cada rincón. Fue fabuloso, fueron apenas unos segundos, pero fue inolvidable. Y mas lo fue cuando días después, reviviendo esa noche, ella me contó con los mismos detalles lo que le sucedió en ese momento, lo mismo que a mí. No es hermoso? Y además, para retrucar, todavía la escucho diciendo "estuvo buenísimo, pero me hubiera gustado haber ido sola con vos". Cuando nos íbamos de Mint, se escuchaba en la carpa a lo lejos que Rovira ponía "in a state". Nos miramos con cara de "tendríamos que estar ahí escuchándolo" y ella me dijo "tendríamos que estar ahí bailándolo"...
Ya iras viendo como llegue a la noche de la Southfest. Tocaba Sasha, eso sí importa (no Cattaneo ni el muerto de García). Había venido con nosotros de nuevo el ex, pero no me importaba, después de sus palabras tenía la certeza de que quería estar conmigo, mas allá de que le diera cosa besarme adelante del flaco. Total, ya encontraría la situación para que estuviéramos solos los dos empastelados. Quería sentir de nuevo e incluso más aquella sensación que me invadió en la fiesta de Tiesto. Recuerdo que durante la primera mitad de la southfest no paso nada. Apenas si nos dimos un beso cuando fuimos solos a comprar un agua. Fue un beso bastante irrelevante, tuvo menos magia que una AET. Igual yo no entendí ni me vi venir nada, todavía parecía que mi sueño se estaba cumpliendo. Y si, como no se va a cumplir si los djs son absolutamente predecibles, y en cierto momento sasha puso In A State. Te acordás lo que fue eso? Y yo que ya había vivido en mi mente cientos de veces ese momento, desde la noche de Tiesto, ya sentía que casi actuaba por reflejo, como repitiendo un acto que sin quererlo había ensayado muchas veces. En la bajada del tema la serotonina ya me había abierto por completo. Me vi diciéndole un discurso conmovedor, acerca de lo que ella representaba en mi vida, de su papel, su importancia, agradeciéndole todo lo que me había hecho vivir hasta ese entonces, cosas buenas y obviamente también malas, y deseando un futuro que nos siga encontrando juntos, de cualquier manera pero juntos. El cierre del tema coincidió con nuestro abrazo, y durante un eterno instante estuvimos en silencio. Mis ojos estaban cerrados, para no distraerme y poder sentir toda esa energía que me invadía. A veces me pregunto como habrán estado los suyos...
La fiesta siguió, howells la puso al caño, y la mitzu me pego de agite. Te acordás como termino esa fiesta? la cortaron re mal, y yo estaba que me podía masticar las baldosas. Era mi tercera fiesta, nunca me había pasado de estar tan loco y sin música. Casi que creía que TENIA que seguir bailando. No tuve peor idea que irme con ella de after a Caix. En el taxi todo parecía encuadrar. El sol salía por sobre el horizonte, tenia los colores mas vivos que nunca. Jamás había visto un naranja tan naranja, ni tan bien combinado con el celeste que lo rodeaba. Era inmenso, imponente, emergiendo por sobre un río de la plata infinito que reflejaba toda su fuerza. Adentro del taxi ella al lado mío me decía que después del after se iba a dormir conmigo, en el departamento que me habían prestado. Era una mañana fresca, pero la mano que me acariciaba estaba tibia. Todo encuadraba...todo era perfecto...

En la puerta del after ella se encontró con un conocido de Rosario. Bah, por como hablaban parecía un conocido nomás. El flaco era un pancho total, pero tan pasado de merca y escabio que no paraba de hablar y batir giladas, cada vez mas cerca de ella. Yo, con toda la paz del mundo, miraba casi de reojo, no me importaba nada...
Entramos a caix, el mismo bardo de siempre, mucha gente pero bastante garcha el lugar. Ella seguía hablando más con el flaco que conmigo, y a mí sin importarme. Iban a hablar un rato nomás, bailaríamos, y yo después me iba a ir con ella. Nada lo podía arruinar. Me encontré con una conocida de rosario y me puse a hablar, comentando la fiesta y como había terminado tan de golpe, "que garrón!". Volví con ella y seguía hablando con el flaco, a la vez que bailaban. El en un momento peló la bolsita con papota y se clavo una línea ahí nomás a lo guaso, mientras en la otra mano sostenía el speed con vodka. Su baile era patético, pero él la flashearía que era Don Johnson. Un asco la verdad esa imagen, nada lo podía arruinar. Lo cuento así, en oraciones cortas, porque sinceramente fue así, pum pum pum. De pronto yo ya estaba poniéndome nervioso, y mientras fingía mirar para la pista, los seguía de reojo, estaban a 1 metro. A veces uno de reojo cree ver cosas que no suceden pero esta no fue la ocasión. Cuando gire la cabeza para desmentir lo que veía, pude ver que efectivamente ESO estaba sucediendo: El le estaba comiendo la boca... O ella a él, Que carajo importa. No podría describir nunca lo que sentí en ese momento. Creo que físicamente sentí que se cortaba mi respiración. Los músculos se me paralizaron. Mi cabeza entro en un remolino de ideas descontroladas. Todo fue muy lento, o rápido, confuso. Hablar de tiempo no tiene sentido cuando sucede algo así. Era lo más duro que me había pasado en mi vida, y me estaba sucediendo en el medio de un mambo de éxtasis. La pastilla te potencia los sentimientos, y no le recomiendo a nadie potenciar una sensación así. Que hacer? que pensar? que decir? explotar? callar? racionalizar lo irracional? intentar entender o mejor bloquear todo? escapar? No exagero con lo de "remolino de ideas descontroladas".
Punto y aparte, porque ya no hubo vuelta atrás. Me acerque y le dije que me iba. Me di vuelta y di 3 pasos, cuando sentí su mano tomando la mia... Otra vez esa mano tibia. Vi lágrimas en sus ojos, y vi que su boca comenzó a decir algo. Si hubiera dicho mínimamente algo cercano a lo que esperaba escuchar, esto hubiera sido "punto seguido", y no punto y aparte. Me salió con algo así como que era injusto al hacerla sentir culpable, porque nosotros no éramos novios. La explicación textual no la recuerdo, pero seguramente dolió mucho más, y por eso la olvide. Me di vuelta y me fui, con el poco orgullo que me quedaba. Igual ese orgullo me lo metía en el culo a cambio de que me volviera a frenar antes de bajar la escalera de ese after inmundo. Eso no paso. Voltee antes del primer escalón para ver. Entre las cabezas pude verla a lo lejos hablando otra vez con él. Parecía estar consolándola por lo sucedido, lo que haría todo caballero que quiere aprovechar la jugarreta de las lagrimas. No hacía falta mas, baje la escalera, y mientras bajaba sentía como de la misma manera que descendía paso a paso, mi vida se veía obligada a sufrir un cambio inesperado. Así nomás, arriba en el after era una persona, una vida. Afuera, todo era diferente. Solo, en Buenos Aires, ya sufriendo el bajón de la pastela, sin saber qué hacer. Realmente me sentía perdido, no era la mejor manera de comenzar de nuevo. Como un simple momento puede cambiar tanto todo? Por eso digo que hablar de "tiempo" no tiene sentido cuando sucede algo así. Recuerdo esa interminable caminata descendiendo escalón por escalón, el dia arrancaba pero todo era asqueroso.
Caminando como quien lleva una cruz abandone ese antro inmundo. El sol estaba a pleno, pero ya no brillaba como antes. Era caluroso y se sentía hostil, los rayos dolían. Los árboles que antes eran verdes y rebosantes de vida, ahora eran grises, y su sombra era fría. De más esta seguir pensando en cada sensación que recuerdo, todo se había transformado en algo que me lastimaba de alguna manera. Llegué al departamento, estaba solo. Intenté dormir entre pesadilla y pesadilla, hasta que cuando me fue imposible me vestí y me fui a retiro. Seguía solo y en silencio. Como el pasaje ya lo había comprado antes de la fiesta, ni siquiera tuve que hablar con el de la boletería. Llegué a Rosario sin haber emitido palabra desde esa última despedida, como quien aguanta la respiración mientras intenta buscar una salida, una luz en la superficie que nos permita volver a inhalar, a sentir.
Lo demás es previsible, llore varios días y tuve el peor bajón de pasti que jamás podría haber imaginado. Es que en realidad no debería catalogarlo como "bajón de pasti".
Ya por suerte paso todo. Tarde muchísimo en poder volver a abrirme, y también en poder liberar un poco esa mierda que había decidido esconder dentro de mí para no sufrir al pensarla. Pero igualmente, como cualquiera sabe, los sucesos pasados sugestionan tus pensamientos y análisis presentes. Y ahora por ahí entiendas por qué pensé eso en la situación que se dio en la fiesta de Big 1.
Sé que no era importante toda esta chorrera de oraciones para explicar esa situación irrelevante, pero todo sirvió como excusa para aprovechar y largar todo lo que tenía en la punta de la lengua...o de los dedos. No pienso releerlo, y encima tengo que cumplir en mandártelo. Decirte que lo estaba escribiendo era necesario para asegurarme que lo iba a terminar. Así que, ahí va. No es necesario que lo leas, pero de antemano te agradezco.
Abrazo.
Nico.





El tiempo siguió pasando, y yo creciendo y madurando. Mientras, seguí buscando esos motivos (aplicando toscamente la regla de Pareto) que tienden a generar esa sensación placentera que de tanto en tanto me embriaga, la que se siente como un fresco y suave estremecimiento en la piel. Entre medio hubo meses de terapia psiquiátrica, porque con toda esa negligencia superficial de ir a anestesiarme la mente a las raves había estado cavando profundo en lugares no tan convenientes de mi cabeza, y para colmo en ese proceso venia vaciando de serotonina mi cerebro. Tuve que frenar y buscar pausadamente las bases reales que me permitieran reedificarme como persona, desde cero. Estuve regando plantitas durante semanas, haciendo nada mas que pensar y pensar, acerca de como recomenzar mi vida con un proyecto con el que pudiera identificarme y sentirlo como propio, que me definiera. Sabía que ese proyecto de vida debía ir cumpliendo con ciertos parámetros que había venido comprobando hasta ahora como favorables, y adoptando otros nuevos que creía convenientes para no sentirme frustrado a mitad de camino.

Transcribo algunos Items que creía importantes a la hora de elegir ese nuevo proyecto al que dedicaría mi tiempo y mi vida:

-Debía ser de flujo ilimitado: preferí elegir un camino que me garantizara una renovación constante, sin encontrar barreras que lo detuvieran. Por eso preferí optar por algún camino que aprovechara ciertos aspectos de mi creatividad, para así garantizarme de que ese manantial de ideas fuera lo mas prolongado posible.

- Era necesario que integrara además de actividad psíquica, actividad física, labores manuales. Trabajar solo con productividad mental me terminaba siempre aturdiendo, por mas que lograra resultados convincentes. El cerebro humano está íntimamente involucrado en las conexiones nerviosas de las extremidades, en especial las manos, y es beneficioso aprovechar esa interrelación que se ha venido entramando durante millones de años en los que aprendimos a usar nuestras manos con su pulgar opuesto como herramientas.

- Debía ser tendiente a abrirme como persona espiritual, a revelar mis voces interiores más tímidas y calladas. Hasta entonces había ido encerrándome en una coraza protectora para defenderme de los dolores que podía provocarme el entorno, pero ahora entendía que ese cascarón era justamente el que me aislaba del mundo y me impedía relacionarme, comunicarme, y sentir esa sensación agradable de comunión con los demás.

- Tenía que ser funcional a las necesidades presentes y futuras de la sociedad. Estaba cansado de ver que todas mis búsquedas (como ir a la cancha a alentar a Central, como ir a extasiarme y a bailar en las raves) me provocaban un bienestar presente y efímero, pero que se desvanecía posteriormente sin dejar rastros, incluso provocando después un estado aún peor al previo. Por eso quise elegir algún camino que dejara marcado un rastro útil y funcional, que construyera algo de valor y perdurable, que pudiera servir de alguna manera para los demás. Esas acciones tenían que lograr un resultado concreto y visible, operar con un pragmatismo que en cada paso bajara a la realidad cada delirio mental que aparecía bajo las voces de la creatividad.

- Tenia que encuadrar en todos los parámetros de "sustentabilidad": ser sustentable a nivel medioambiental, para que no perjudicara en su aplicación el estado del environment. También sustentable a nivel social, para que esa actividad tendiera a mejorar de alguna manera el entramado social y mejorara la calidad de vida de la gente. Sustentable económicamente, para que encuadrara en las casi caducas reglas de la economía actual, permitiéndome subsistir con esa actividad. En realidad, que permitiera generar trabajo digno y remunerado de manera generalizada en los lugares en donde este hacía falta, y en donde tantas manos humildes y honradas están a la espera de ser llamadas. Y obviamente sustentable a nivel espiritual, para permitirme ir construyendo ese accionar sin volverme loco ni hartarme a mitad de camino, sino al contrario sintiéndome enriquecido por cada paso dado.

- Debía ser de tendientes a fomentar el modelo de generosidad. De la misma manera que uno regalaba paquetitos de papeles para tirarle al equipo cuando salía a la cancha, de la misma manera que uno compartía el agua y todo lo que tuviera en la mochila en las fiestas rave, había notado que la generosidad era uno de los factores principales a la hora de sentir esa sensación de bienestar y comunión con los demás. A uno siempre le enseñan a cuidarse y guardar sus posesiones, pero en la práctica parece ser todo lo contrario: de cualquier decisión, optando por la más generosa uno no sólo se siente más gratificado, sino que además a la larga termina recibiendo mucho más de lo que dio en un principio.

Yendo a lo concreto, en medio de mis frecuentes tormentas de ideas ansiosas tratando de decidir que hacer, fui notando 2 cosas:

1 la mayoría del tiempo se me ocurría diseños e inventos posibles de objetos de uso cotidiano que encuadraban en todos los items anteriores y que me gustaría construir, por lo que tranquilamente podría dedicarme a desarrollar prototipos de esos objetos.

2 para armar esos prototipos necesitaba contar con maquinas herramientas y conocimientos de muy variada tecnología, por lo que se me hacía muy complicado y demandante de tiempo y esfuerzos, por no decir imposible, cada vez que quería probar construir alguno de esos prototipos.


La historia siguiente es ya mas conocida, cuando empecé por la bicicleta de bambú. El objetivo no era sólo la bicicleta, que encuadraba en todo su concepto con los items anteriores de validación. El objetivo real era poder desarrollar una tecnología que me permitiera en el futuro poder construir de manera rápida y eficaz todos los prototipos de objetos que se me fueran presentando en mi cabeza, antes de que mi ansiedad los echara por tierra olvidados ante la necesidad de tanto esfuerzo y paciencia de trabajo para traerlos a la vida con las técnicas tradicionales de construcción. En síntesis, poder armar un prototipo en un par de días del objeto que fuera, antes de que mi culo inquieto se aburriera y quisiera pasar a otra idea.

Así fue que fui incursionando en el desarrollo de diferentes técnicas de trabajo con materiales compuestos, resinas y fibras, que es lo que utilizo para construir las uniones de las bambucicletas, y que me permiten en el fondo fabricar prototipos de prácticamente cualquier disparate que se me ocurra, sin importar la naturaleza ni características diferentes de los materiales a trabajar. Desde un planeador hasta un rascador de espalda.

Pero todo esto sólo es un camino hacia esa sensación de bienestar, buscando ese cosquilleo que tan rico se siente cuando me recorre todo el cuerpo, en el momento en que siento estar "haciendo lo correcto". Hay veces en que todos estos parámetros lógicos de decisión me permiten entender mis acciones de una manera mas clara. Otras, como cuando persigo esta sensación, trato de dejarme llevar también por sentimientos que no puedo analizar con mis limitadas herramientas, pero que sin embargo me inflan desde adentro y me dirigen sin mediar explicación.

La realidad de estos días es bastante clara: Las bambucicletas que fui creando son un éxito de aceptación, quizás justamente porque fueron concebidas teniendo en cuenta todos esos items y muchos más que ni recuerdo pero que ya son parte de mí. Pero mis manos para crearlas y darles vida son solo dos, y la demanda está constantemente creciendo.
Por eso me fui "asociando" con gente que comparta mi visión y mis intereses, en síntesis, con gente amiga. Con ellos quiero ir construyendo esta historia, haciendo germinar este proyecto de la manera más revolucionaria posible. No se trata sólo de bicicletas, queremos proponer un modelo de producción diferente al tradicional, que forme parte de una red alterNativa conformada por todos estos productos y servicios que se alejan del modelo industrial tradicional. Aún es difícil en estos tiempos abrirse del sistema imperante y masivo, el gran río que a todos nos lleva. Porque cada vez que queremos irnos por la tangente, nos damos cuenta que estamos solos. Creemos entonces que lo mejor es ir conformando esa red que nos vincule a aquellos que sentimos esa posibilidad de ir por otro camino, para poder trabajar en conjunto y construir con mayor complejidad y eficacia esos objetivos de vida sustentable y en armonía generosa entre nosotros y con el entorno.

En este momento estamos trabajando en toda la planificación de esa unidad productiva en donde se construirán las bambucicletas de manera masiva. No va a ser un galpón gigante con obreros adentro armando bicis contra reloj de manera fordista, sino todo lo contrario. El modelo productivo que vamos a mostrar es un cambio completo en el paradigma de trabajo, una fabrica que va a ser ejemplar y referente en el área, que demuestre a los ojos miopes de los empresarios "desarrollistas" que es posible encontrar la sustentabilidad generalizada en el trabajo y de manera disfrutable y enriquecedora para todos los participantes. Un cambio tan radical en el paradigma productivo no es sencillo, y por eso hace falta contar con actores altamente capacitados, en lo técnico pero principalmente en lo humano.

Yendo a lo concreto, estas últimas semanas estuvimos con mis principales socios y amigos, Chipo y Nino, buscando esas bases fundamentales para la construcción de esta ambiciosa obra.
El primero de los dos viajes fue a la provincia de Misiones. Ahí se encuentran los principales productores de cañas, de la especie que nosotros utilizamos para las bicicletas. El objetivo era entrar en contacto con esos productores, para eliminar a los comerciantes intermediarios y poder tratar directamente con ellos, entablando una relación de comercio justo. Además, en gran parte son comunidades indígenas que han sido expulsadas por el avance de la frontera de explotación forestal, ya que en la actualidad la provincia de Misiones ha ido perdiendo sus montes nativos y se dedica a la producción artificial de madera de pinos.
Fue un viaje relámpago, bajo la excusa de un congreso de "jóvenes emprendedores" al que nos habían invitado en la ciudad de Posadas. Embalamos nuestras bambucicletas en el colectivo, y nos mandamos de cabeza sin pensarlo.
Estando allá, con las bambucicletas como transporte y carta de presentación, fuimos recorriendo y conociendo un poco la realidad de esas regiones. Entablando algunos contactos espontáneos, mostrando el trabajo que hacíamos, "bicicletas de tacuara", logramos que un comerciante artesano de la zona nos cargara en su camioneta y nos llevara a conocer a dos comunidades indígenas de la zona. Viven bastante aislados, en el medio del monte, pero con una evidente relación de intercambio con la "civilización". Ellos dedican su tiempo para hacer artesanías, las que luego intercambian injustamente por algunas monedas o directamente por vino barato. Nuestra intención era poder iniciar el trato comercial directamente con ellos de manera justa, para poder incorporar a nuestras bicicletas unos canastos hermosos de bambú que ellos tejen, con increíble paciencia y creatividad en los diseños. Pero no es fácil entablar relación con ellos: viven a otro ritmo, y el trato que tienen con los blancos que vienen de la ciudad siempre es el mismo, ellos desconfían de que siempre los quieren abusar con el precio que les pagan, pues no tienen una real dimensión de la economía y del valor del dinero.

Ninguna de esas 2 comunidades que visitamos era lo que me imaginaba. Yo esperaba algo al estilo película, con caciques sabios y técnicas de trabajo milenarias, con conocimientos ancestrales y saberes invaluables. No sé como serán el resto de las abundantes comunidades indígenas que hay por la zona, pero estas 2 pequeñas agrupaciones eran similares en su precariedad, aunque con marcadas diferencias:

La primera que visitamos estaba asentada en la bajada de un montecito, y vivirían unas 5 familias. Contaban que habían sido movidos ante el avance de esa frontera de explotación forestal, por lo que el gobierno de turno les había dado casas de material, que ellos habían ido desmantelando con el correr de los meses para cambiar los materiales por escabio. No quedaban ni ventanas, ni marcos de puerta, nada, solo las paredes arruinadas y el techo. Resulta que los políticos oportunos, para obtener de manera sencilla los votos de esta gente para las elecciones, les llevaban constantemente comida envasada. Así, esta comunidad iba entrando en un estado de apelmazamiento, perdiendo poco a poco sus capacidades de autosustentabilidad. El paisaje estaba lleno de basura, pues todos los envases de comida y botellas se iban amontonando y quedando desparramados por el suelo. El cacique no era ese sabio imaginario, sino un borracho que apenas se podía quedar sentado a la sombra del alero de lo que quedaba en pie de la casa. Los chicos, incontables y todos muy pibitos y desnudos, correteando y jugando por entre las plantas pinchudas, a veces sangrando sin importarles nada. Había perros en cantidad, y en una se empezaron a pelear entre todos contra uno que estaba sarnoso y con espuma en la boca al estilo rabioso. Era un estado de anarquía total, que nos dejo a nosotros con pocas esperanzas. Lo curioso es que aún viendo todos estos matices desfavorables de subdesarrollo, igualmente yo sentía una vibra positiva, de simpleza y sinceridad genuina. Quizás el punto más desfavorable era justamente, que estuvieran siendo subsidiados y estupidizados por las migajas contaminantes del sistema. No les estaban enseñando a pescar, sino que directamente les daban la comida en la boca. Jugamos un rato con los chicos, que se volvieron locos con nuestras bicicletas y que de a docenas se subían todos juntos para tratar de pedalearlas. Las artesanías que hacían los mayores eran bien feas y desprolijas: se ve que al darles la comida los políticos, ellos no tienen la necesidad de trabajar y mejorar sus técnicas, sino que simplemente se dejan estar.

La segunda comunidad que visitamos fue un poco más valorable. Ellos debían subsistir por sus propios medios, por lo que contaban con cabritos y distintos animales de cría, y además eran extremadamente prolijos en sus artesanías. Con paciencia iban tejiendo a la sombra de sus chozas de barro y paja los canastos que después cambiarían por vinito o algún billete. El rancho principal tenia antena, piso de tierra pero con TV, y la cumbia de fondo sonando alegre. El cacique era un flaco bastante joven y mas despierto que el borracho de la primer comunidad, y andaba con unas zapatillas nike shox de última generación. Igualmente, la comunicación siempre era muy difícil, las conversaciones se extendían entre silencios y ausencias por interminables minutos, y fue poco lo que pudimos sacar en concreto. Iniciamos el contacto, y aprendimos mucho de esas costumbres, pero evidentemente tendríamos que ir tejiendo con un entramado mas fino y cerrado los siguientes pasos. Llegar a las bases es posible, pero trabajar con ellas implica una relación más estrecha y de largo esfuerzo. Volvimos a Rosario, intentando digerir tanta información para que fuera asimilada, y sabiendo que vamos por el camino correcto.

Un par de semanas después, luego de terminar de cumplir con unos compromisos comerciales pendientes, ya que le adeudábamos unas bambucicletas a un cliente de Capital, pudimos desligarnos de su nociva relación y seguir encarando la construcción del proyecto principal, el de la fábrica ejemplar que va a ser referente como modelo productivo sustentable. Como nota mental para mí mismo, queda bien claro que ninguna relación comercial vale la pena, cuando uno tiene que tratar con esa clase de clientes manipuladores que demandan de manera egoísta todos los recursos posibles y para colmo dan menos de lo que prometieron a cambio. Este caso del ventajero molesto me dejó un asqueroso sabor de boca, porque nos hizo la vida imposible quejándose todo el tiempo por la demora que tuvimos para entregarle las bambucicletas que aún ni siquiera ha terminado de pagar en su totalidad, y que tanto fue regateando el precio. Creo que nunca entendió que son bicicletas artesanales, hechas a mano, con mucho esfuerzo y dedicación, y que cada una demanda incontables horas de trabajo especializado. Yo ya había percibido una vibra muy perniciosa desde un principio en este mercader fenicio llorón, pero aceptamos el trato comercial porque necesitábamos recursos para seguir llevando adelante el proyecto. Es que a este emprendimiento lo estamos construyendo a pulmón y sin ayuda de capitales de nadie salvo la familia y amigos, remando y remando con lo poco que hay disponible y que se puede ir consiguiendo.
Por suerte esa relación comercial enfermiza terminó, y pudimos seguir adelante en el siguiente paso. Para poder encarar la construcción de una fábrica de tal magnitud como la planificada, debemos empezar a sumar los actores especializados en cada área pertinente, arquitectos, ingenieros, proveedores de materias primas naturales, constructores...todos que encuadren en ese perfil de gente simple y generosa, con valores humanos firmes y acordes a los nuestros.

Es por eso que encaramos sin pensarlo hacia Córdoba, región en donde desde hace algunos años se está gestando todo un movimiento cultural de construcción natural, en diferentes pueblitos de montaña, en donde se congregan actores con diferentes conocimientos técnicos, que de manera empírica van plasmando este tipo de construcciones y probando distintas técnicas para la edificación de obras arquitectónicas de variadísima naturaleza. La intención con la que fuimos fue para ir conformando ese grupo de actores que van a formar parte de la planificación y edificación de esa fábrica de ensueños. Buscar convocar a esos referentes en sus respectivas áreas de trabajo para que se sumen a esta gran obra colectiva que queremos llevar adelante. De paso, visitar ciertas construcciones existentes para inspirarnos y tomar ideas que podamos tomar como parámetro para la construcción de la fábrica.

Nuestro punto de encuentro, nuestro nexo con toda esta movida alterNativa, fue a través de Fede, gran amigo cordobés que conocí hace unos años en un curso de construcción con bambu del Arq. Saleme (quien estaria a cargo del diseño de esta fabrica) en el ecobarrio Villa Sol de Salsipuedes, pueblito cerca de Córdoba capital. Su hospitalidad y la de su papá Adrian, además de sus amplísimos conocimientos y su predisposición para sumar y aportar, hicieron que el corto viaje se transformara en una catarata de información invaluable que aún estamos decantando y acomodando. Largas horas durante el día, entre mate y bizcochitos, o caminando entre construcciones, fueron la base intelectual para ir imaginando el futuro de este proyecto, y bajando a tierra en acciones concretas los pasos siguientes, para no quedarnos volando en la tormenta de ideas. En esas reuniones pude sentir muchas veces esa sensación que me eriza la piel, de estar actuando de manera correcta y yendo por el buen camino. Esa frescura que recorre el cuerpo cuando uno siente que está haciendo algo bueno para todos, y que es justamente el hecho de hacerlo entre todos de manera grupal y cooperativa lo que genera el bienestar. Construir colectivamente y de manera generosa, pues el resultado es beneficioso para todos. Es cierto que estamos andando por caminos no tan transitados en estos tiempos egoístas y desenfrenados, pero es evidente que estamos haciéndolo de manera correcta, pues la sensación lo corrobora.
Pero tengo que confesar que también, por las noches, mientras la mente desaforada dormía producto del cansancio de tanta actividad diaria, me escapaba para reencontrarme con ella. Cuando la lógica de las ideas abstractas y los planes concretos se iban guardando, yo salía a su encuentro, para que me enseñara a sentir el presente. Buscando su contacto, mi tacto sobre su suave piel. Bailando con los ojos cerrados en su patio, buscando conectarnos en un ritmo. Jugando con mis dedos en la oscuridad a reconocer su hermoso rostro, acariciando y mirando con mis yemas su delicada figura de mujer. Sintiendo ese perfume de su cuello como una inexplicable adicción, dejándome llevar por esas oleadas de magia irrepetible pero eterna. La vi más linda de lo que la recordaba, y quise retener esos momentos de la manera mas pura posible. Con todos mis sentidos, con la mente en silencio, quise ser parte de ella y que ella lo fuera de mi, al menos un instante inolvidable. Otra vez, en medio del instinto apasionado, volví a sentir esa profunda sensación de bienestar. Esta vez no por ser parte de un Todo, sino simplemente por poder ser parte de ella, que en uno de esos efimeros pero infinitos momentos lo fue todo para mí. Entre inseparables abrazos y besos sentí que fuimos uno solo en ese entonces, olvidándome de ser yo, disolviendo mi esencia en la suya.